martes, 19 de marzo de 2019

Enlaces solidarios



Recursos en Internet para quienes tengan interés por el mundo de la solidaridad:

Ofertas para trabajar en una ONG como voluntari@ o bien de manera remunerada:




Para hacer estancias solidarias y campamentos de verano en otros países:



Voluntariado online, para ayudar sin salir de casa:


Microvoluntariado, ayuda por minutos:


Sobre turismo justo, al margen de los circuitos comerciales:


Sobre cómo financiar directamente a emprendedores del Tercer Mundo:


Sobre bancos éticos:




Sobre consumo ecológico y comercio justo:

Para donar trastos que todavía sirven:


Empresas de economía solidaria:

—Recogida de ropa y trastos viejos


—Muebles con valor añadido


—Canguros y servicio doméstico


—Leche y yogures


—Huevos


—Cocina del mundo


—Tejidos solidarios


—Catering ecológico y de comercio justo


Para donar alimentos:


Una ONG que recoge excedentes de empresas y particulares (material de oficina, máquinas, ordenadores, material escolar, etc.) y los reutiliza en proyectos solidarios:


Una ONG que recoge bicicletas viejas, las repara y las entrega a quien las necesita para algo más que ir de paseo:


Bancos del tiempo y redes de intercambio de conocimientos:

Canguros de confianza




A menudo resulta difícil encontrar una persona a quien confiar el cuidado de un bebé o un anciano. Con frecuencia, quienes podrían cubrir estos puestos de trabajo se topan con múltiples obstáculos para acceder a ellos en condiciones dignas, particularmente si han nacido fuera de España. Por suerte, asociaciones como Anem per feina tienden puentes entre unos y otros.

Anem per feina es una coordinadora para la inserción sociolaboral que trabaja en Barcelona, el Camp de Tarragona y les terres de l’Ebre. Su labor consiste en facilitar empleadas de plena confianza (para tareas de servicio doméstico, cocina, canguros, limpieza, etc.) a empresas y personas particulares que quieren contratar a alguien desde una opción inclusiva y justa. Al tiempo, ayudan a estas chicas a regularizar su situación administrativa y les ofrecen todo el apoyo para realizar sus labores eficazmente. Como se trata de una entidad sin ánimo de lucro, no cobran por la intermediación. Vaya para ell@s esta vez una pequeña aportación de 30 euros.

(Anem per feina tiene su sede en la calle Guàrdia, 11 –Barcelona–. Se puede contactar con ell@s a través de su web www.anemperfeina.org o en el teléfono 934433040).

Etnocentrisme


Les ONG estan disposades a exportar tots els “èxits” d’Occident a l’Àfrica. Se senten molt orgulloses del que es fa a la seva societat d’origen i creuen que tothom hauria de fer el mateix. Hi ha grups que difonen entre els africans invents occidentals tan discutibles com el clown, el vegetarianisme o el catolicisme més reaccionari. Ho fan convençuts que estan fent-los un gran favor.

A l’Àfrica també hi ha coses que valen la pena. A moltes ciutats hi ha taxis col·lectius; constitueixen un mitjà de transport molt més ecològic que els taxis europeus o nord-americans; molt més flexible que els autobusos, perquè et deixen a la porta de casa; molt més pràctic que el metro, perquè fins i tot els pots utilitzar per fer mudances; molt més divertit que el tramvia, perquè la gent hi sol petar la xerrada i fer bromes... Però no hi ha cap ONG de taxistes col·lectius africans que es dediqui a “capacitar” els occidentals perquè usin el seu invent.

A les esglésies de l’Àfrica Central s’hi canta l’ntonove, un cant coral que s’acompanya de tambors i de xilòfons. Les misses, en aquesta part de l’Àfrica, desperten passions: duren hores i hores, i sempre estan plenes (a diferència de les misses a Europa). Potser estan plenes perquè a la gent li agrada sentir l’ntonove, i veure com les membres del cor ballen al temple, movent rítmicament els seus plomalls de coloraines. Els africans no han intentat exportar l’ntonove a Occident, però a l’Àfrica hi han arribat joves cristians europeus amb guitarres que han intentat introduir-hi l’avorrida música religiosa moderna occidental.

Hi ha moltes coses que els africans aprecien molt, i que ells pensen que són de gran utilitat: el vi de palma, els trobadors anomenats mot mvet, les discoteques amb un gran mirall a la paret perquè tothom pugui mirar-se mentre balla, les cerveses de 66 centilitres, la carn de serp... Però no sembla que tinguin cap necessitat de convèncer la resta del planeta perquè adopti els seus costums.

[…] Els organismes de cooperació no estan disposats a admetre que hi ha una Àfrica que sap el que vol, i a la qual no cal “orientar” ni “ensenyar”. Una Àfrica que ja té els seus propis models sanitaris, arquitectònics, culinaris, jurídics i educatius, i que té dret a triar el seu futur. El problema de fons és que bona part dels directius i socis de les ONG encara creuen que hi ha un sol model de desenvolupament, i que és el seu. Als europeus els encanta la cooperació mitjançant projectes, perquè canalitza la prepotència occidental i reforça els estereotips existents: els occidentals ho saben fer tot i són tan bons que ensenyen els africans com fer-ho. I si els africans no es desenvolupen és perquè són tan gamarussos que no volen aprendre. Amb aquesta actitud, mai no es podrà treballar seriosament per al futur de l’Àfrica.

Gustau Nerín, Blanc bo busca negre pobre. Crítica de la cooperació i les ONG

Armonía, pacifismo, tolerancia



«Los papiones de la sabana tienen reputación de fieros. No es la clase de primates de los que uno esperaría que sigan la senda del flower-power, pero esto es justo lo que ocurrió con un grupo del Masai Mara, en Kenia. Cada día, los machos de un grupo estudiado por el primatólogo norteamericano Robert Sapolsky se abrían paso por el territorio de otro grupo para acceder al vertedero de un albergue turístico cercano. Sólo los machos más grandes y duros se salían con la suya. El botín bien valía la pena, hasta que un día se tiró a la basura una partida de carne infectada de tuberculosis bovina, que mató a todos los papiones que la comieron. Esto supuso que el grupo estudiado perdiera de golpe buena parte de sus machos, y no unos machos cualesquiera, sino los más agresivos. Como resultado, el grupo se convirtió en un improbable oasis de armonía y paz en el duro mundo de los papiones.
Esto es poco sorprendente en sí mismo. El número de incidentes violentos en el grupo descendió de manera natural una vez desaparecidos los matones. Más interesante es que esta paz se mantuviera durante toda una década, aunque para entonces no quedara ninguno de los machos del grupo original. Los papiones machos emigran tras la pubertad, de manera que los grupos reciben machos de refresco continuamente. Así pues, a pesar de un recambio completo de sus machos, este grupo concreto mantuvo su pacifismo, su tolerancia, su frecuencia aumentada de acicalamiento y su nivel de estrés excepcionalmente bajo. […] Dos conclusiones principales de este experimento natural son meridianamente claras: las conductas observadas en la naturaleza pueden ser producto de la cultura, y ni los primates más fieros tienen por qué comportarse siempre de la misma manera. Puede que esto se aplique también a nosotros.»
Frans de Waal: El mono que llevamos dentro, Tusquets Editores, Barcelona, 2007.

Cuentan de un sabio un día...

tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro, entre sí decía,
más pobre y triste que yo?;
y cuando el rostro volvió
halló la respuesta, viendo
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él arrojó.
(Calderón de la Barca)


Un portaaviones, 500 escuelas

Con lo que cuestan dos misiles Tomahawk se podría levantar una escuela.
14 misiles Tomahawk equivalen a un hospital.
Un tanque Leopard vale tanto como dos escuelas. Tres de estos tanques, lo mismo que un hospital.
Un avión Eurofighter vale lo que 25 escuelas o dos hospitales.
Por el coste de un portaaviones se podrían construir 500 escuelas o 50 hospitales.

The miniature earth project

¿Qué pasaría si redujéramos el mundo a un pueblo de 100 personas? ¿Cómo se repartiría la riqueza? ¿Cuántas personas serían pobres? ¿Cuántas no tendrían acceso la atención médica? ¿Cuántas serían usuarias habituales de Internet? Observa: www.miniature-earth.com



Yo y el Otro



«El nacionalista considera a su pueblo […] como el valor supremo y a todos los demás como algo inferior (cuando no digno de desprecio). Al igual que el racismo, el nacionalismo es un instrumento de identificación y clasificación que mi Otro emplea en todas las ocasiones que se le presentan. Se trata de un instrumento primario, primitivo, que achata y superficializa la imagen del Otro, pues para el nacionalista el Otro no tiene sino un único rasgo: su adscripción a una nación. No importa si es joven o viejo, tonto o sabio, bueno o malo; sólo importa una cosa: si es armenio o turco, inglés o irlandés, marroquí o argelino. Cuando vivo en aquel mundo de nacionalismos exacerbados, no tengo nombre, ni profesión, ni edad; no soy más que un polaco. En México, los vecinos me llaman “el polaco” y en Yakustk, la azafata que me llama por megafonía grita el nombre de mi país en ruso: Polsha! […]  El rasgo más peligroso del nacionalismo es que a él va indisolublemente unido el odio hacia el Otro. La dosis de ese odio puede variar, pero su concurrencia es segura.» (Ryszard Kapuscinski, Encuentro con el Otro, Editorial Anagrama, Barcelona, 2007, pág. 91-92)

Una situación irreversible



"El movimiento migratorio hacia Europa se produce en un momento en el que el viejo continente más lo necesita. En primer lugar, porque la población europea (llamémosla histórica, tradicional, autóctona) constituye un porcentaje ínfimo de la Tierra, y, además, la curva demográfica no para de descender. Si Europa pretende mantener su estatus de continente líder, tiene que competir con otras partes del mundo, que disponen de tecnologías punta, eficaces y altamente rentables. Y dentro de este panorama, tenemos una Europa que no sólo "se encoge", por así decirlo, sino que también envejece a marchas forzadas. En vista de ello, si quiere mantenerse en su tradicional puesto de líder en el ámbito industrial, agrícola y de servicios, tiene que importar mano de obra. Una mano de obra joven y capaz. Ésta es la condición de su supervivencia en el siglo XXI. Los movimientos derechistas xenófobos y neonazis no comprenden que, en su guerra contra la inmigración, "cortan la rama" (como se dice en polaco) sobre la que se sostiene su existencia. También ellos tendrán que comprender que sin esa inyección constante de mano de obra joven Europa no será capaz de competir con otras partes del mundo, tecnológica y demográficamente desarrolladas. De manera que asistimos aquí a una coincidencia de dos necesidades, ambas perentorias: la europea de importar mano de obra y la del Tercer Mundo, obligado a prescindir de su gente más audaz y dinámica, porque sus atrasadas economías son incapaces de emplearla. De modo que esos jóvenes no tienen más remedio que emigrar, y Europa, para satisfacer sus necesidades objetivas, no tiene más remedio que aceptarlos. Incluso debería recibirlos con los brazos abiertos. Así que todos esos movimientos que combaten encarnizadamente la inmigración sólo demuestran que sus militantes y partidarios no tienen ni la menor idea del mundo en que viven. Su actitud (y actuación) va dirigida contra los intereses de las sociedades que dicen defender. Por más que griten, a la larga no tienen nada que hacer, porque es una situación irreversible". 

(Ryszard Kapuscinski, El mundo de hoy, Anagrama, 2004, pág. 173-174)

Estoy cansada de toda esta mierda

«Tengo quince años y siento que las niñas de mi edad están bajo una gran presión que los chicos no tienen. Sé que soy inteligente, sé que soy amable y divertida, y sé que todos los que me rodean no dejan de decirme que puedo ser lo que quiera. Sé todo esto, pero la verdad es que no me siento así. Siempre siento que si mi aspecto físico no es el que debería ser, si los chicos no piensan que soy sexy o que estoy buena, entonces habré fracasado y ni siquiera importará si soy médica o escritora, porque seguiré sintiéndome un cero a la izquierda. Odio sentirme así porque me hace parecer superficial, pero sé que todas mis amigas se sienten así, incluso mi hermana pequeña. Siento que a las mujeres triunfadoras solo se las considera así si son triunfadoras y además tías buenas, y me preocupa constantemente no poder llegar a serlo. ¿Y si mis tetas no crecen? ¿Y si no tengo un cuerpo perfecto? ¿Y si mis caderas no se ensanchan para que me quede una cinturita? Si no pasa ninguna de estas cosas, no le veo el sentido a hacer nada porque no seré más que la chica gorda y fea, independientemente de si al final soy médica o no.
Desearía que la gente pensara en cómo está presionando a todo el mundo, no solo a las adolescentes, sino incluso a gente más mayor… Cada día veo a mi madre destrozar su cuerpo porque tiene las tetas caídas y la piel arrugada, se siente fea a pesar de que es una mujer increíble, pero de todas formas siento que no puedo juzgarla porque yo me estoy haciendo lo mismo. Ojalá que la gente que tiene de verdad el poder y que controla las imágenes y los mensajes que recibimos a cualquier hora del día, realmente pensara por una vez en lo que hacen.
Sé que las chicas de la Página 3 [página del tabloide británico de 'The Sun' que muestra a modelos femeninas semidesnudas] probablemente se maten de hambre. Sé que las chicas de los anuncios están retocadas. Sé que la belleza está en el interior. Pero, aun así, siento que no soy lo bastante buena.»

«Estoy harta de volver caminando de la universidad a casa a las seis de la tarde y que me acosen todos los días, desde gente que te grita cosas o te dice por gestos que le hagas una mamada desde el coche, porque piensan que son graciosos o que debería sentirme halagada, a gente que hace ruidos de besos por la calle al pasar, o que me grita “puta” o “enséñame las tetas”. ¿Halagador? ¿Cómo podría serlo? Cada vez que camino hacia casa estoy a punto de echarme a llorar.Cuando voy a una discoteca, independientemente de si llevo algo discreto o algo que la sociedad considere que es de “guarra”, alguien me agarrará y pensará que lo encuentro atractivo por haberlo hecho, o que debería tomármelo como un cumplido. Me acabo sintiendo violada, y como si la culpa fuese mía. ¿Por qué habría de ser mi culpa? ¿Porque soy una mujer? ¿Por cómo voy vestida? ¿Porque debería esperármelo?
Estoy cansada de que mis opiniones pierdan autoridad a causa de mi género. Estoy cansada de que un hombre me explique que estoy exagerando, cuando él no tiene ni idea de lo que se siente. Estoy cansada de que, cuando algo me molesta, me digan que soy una zorra prepotente, o que debo tener la regla. Estoy cansada de que me llamen puta porque tengo relaciones sexuales o porque no las tengo y rechazo las insinuaciones de algún hombre en una discoteca. Estoy harta de tener que vigilar mi comportamiento, lo que visto, lo que bebo, dónde voy y tener que ser sumamente cuidadosa para evitar acosos o situaciones peores, puesto que van a ocurrir haga lo que haga. Estoy harta de ver cómo echan la culpa a las mujeres que han sido violadas, que deberían haberlo visto venir, que no deberían haber bebido tanto, que no deberían haber ido así vestidas, que lo podían haber prevenido, que no gritaron lo suficiente, que no batallaron lo bastante fuerte.
¿Cómo puedo creer a la gente que dice que las mujeres tienen los mismos derechos cuando el peor insulto que se le puede hacer a un hombre es llamarle mujer, femenino, coñito, niñita, conchudo, que necesita “ser un hombre”…, la lista es interminable. Mi género no es un insulto. Estoy cansada de toda esta mierda.»

«Cuando era adolescente probablemente hice un montón de comentarios sexistas. Recuerdo hacer y reírme de chistes sobre violaciones. Al echar la vista atrás, me doy cuenta de que era aborrecible y de que al hacerlo permitía que la cultura de las violaciones causara estragos. No fui a una universidad normal, sino a una escuela de cine canadiense, donde tuve el honor de conocer a un grupo de mujeres procedentes de todas partes del mundo que me ayudaron y me convirtieron en mejor persona. A medida que me acercaba a estas mujeres como amigo, escuché muchísimas historias no solo de acoso sexual, sino de agresión. Me hervía la sangre, pero me hicieron darme cuenta de que yo formaba parte de aquella cultura. Quería ser parte de la solución; el padre que le dice a su hijo “no violes” en vez de hacer que la responsabilidad recaiga en las mujeres. Poco a poco fui accediendo al pensamiento feminista y ahora puedo decir con orgullo que soy feminista.»

(Testimonios recogidos por Laura Bates en su libro Sexismo cotidiano, Capitán Swing Libros. Laura Bates es una periodista y escritora británica, activista feminista y creadora de la página web Everyday Sexism Project)



Las falsas ayudas a los inmigrantes


La inmigración es un tema candente y cada vez que se emite en algún medio de comunicación que han llegado cientos de personas a nuestras costas, no dejo de leer comentarios de personas que manifiestan su queja. ¿Sus argumentos? "Ahora les darán una paga", "ahora recibirán ayudas", "ahora les darán un piso", "nos vienen a robar el trabajo", "sólo vienen a delinquir".
Yo, como trabajadora social de profesión, involucrada, desde la perspectiva profesional como personal, en la problemática de la inmigración, no puedo dejar de indignarme hacia este tipo de información que se vierte sin control y que genera odio, desconfianza, insolidaridad, miedo, rechazo. Es por eso que me encuentro en el deber de poder dar una respuesta, desde mi experiencia profesional, a todos estos comentarios.
Con respecto a las prestaciones económicas, no existe ninguna prestación que esté destinada a dicho colectivo. Los ciudadanos únicamente pueden acceder a una prestación si cumplen los requisitos y entre ellos siempre está, el encontrarse en situación regular.
No hay pisos destinados a inmigrantes. Hay centros que acogen de forma temporal a estas personas, por uno o dos meses para dar asistencia a las necesidades básicas. Aun así, únicamente pueden pernoctar durante unos meses y el resto de tiempo, si no disponen de soporte familiar o de amistades, viven en la calle, mendigando una vida digna.
Los inmigrantes que se encuentran en nuestro país en situación irregular no nos roban el trabajo. Principalmente porque no pueden. La ley de extranjería no contempla la posibilidad de poder solicitar documentos hasta pasados mínimos tres años de empadronamiento y encontrar un trabajo de jornada completa y un año de duración.
Teniendo en cuenta que la gran mayoría de recién llegados no disponen ni de pasaporte y por tanto de  padrón, no pueden regularizar su situación en muchísimos años. Así que no pueden trabajar.
De hecho, ojalá se pudiera ofrecer a estas personas que trabajen de forma legal y aporten y contribuyan al estado, en vez de dejarles a la deriva, en todos los sentidos. Solo así se evitará el auge de la economía sumergida y se trabajaría en la prevención de la delincuencia.
Todos tenemos derecho a una vida digna, independientemente de donde hayas nacido, tu color de piel o tu religión. (Irene Blázquez Merino)