lunes, 8 de mayo de 2017

“La ganadería intensiva es insostenible”

Philip Lymbery, director ejecutivo de Compassion in World Farming (CIWF). Tengo 51 años. Soy británico. Licenciado en Biología. Estoy casado y tengo un hijastro, un perro y unas cuantas gallinas rescatadas. El medio ambiente es un sistema de soporte vital para todos.

La carne que comemos
Dirige la organización internacional líder en el bienestar de los animales de granja desde el 2005 y ha conseguido victorias legislativas históricas como la prohibición de las jaulas en batería para gallinas y las jaulas para terneras en la UE. Es profesor en la Universidad de Winchester. En La carne que comemos (Alianza Editorial) nos explica el verdadero coste de la ganadería industrial en cuanto a sufrimiento animal, salud humana y medioambiental sin conseguir el objetivo que originariamente perseguía: alimentar a la humanidad, y nos propone soluciones. “Mantener a los animales en malas condiciones de vida, tratarlos como cosas, repercute directamente en nuestra salud y es una catástrofe ecológica”.

¿Algún día nos avergonzaremos?
 Sí, miraremos atrás y nos preguntaremos cómo pudimos hacerle eso a los animales y a nosotros mismos.

¿Tan grave es la ganadería intensiva?
Es insostenible. Dos tercios de los 70.000 millones de animales que se crían cada año pasan su vida encerrados, hacinados sobre sus excrementos sin acceso a pastos o forraje.

¿Qué comen?
Un tercio de los cereales producidos en el mundo, el 90% de la harina de soja y el 30% de las capturas totales de pescado. En España, el 74% del total de los cereales (incluidas las importaciones) se utiliza para alimentar a los animales.

Parece absurdo.
Los animales de granjas industriales consumen más calorías de las que producen. Convertimos en carne alimentos que deberíamos comer. Si se destinaran las cosechas a los humanos, se podría alimentar a 4.000 millones de personas.

También consumen antibióticos.
Sí, la mitad de los antibióticos que se utilizan en el mundo, lo que constituye un caldo de cultivo para nuevos supermicrobios resistentes a los antibióticos. En España, el 84% de los antibióticos que se usan están destinados a la ganadería.

¿Para prevenir posibles enfermedades?
Sí, profilaxis rutinaria. La OMS advierte que, si no se reduce este uso abusivo, pronto entraremos en una época postantibióticos en la que las enfermedades que ya habíamos erradicado volverán a azotar a la humanidad.

Estamos empezando a verlo.
En el 2009 se registraron 200.000 casos de intoxicación alimentaria por la Campylobacter en la UE, la segunda causa mundial de infecciones gástricas.

Y consumen inmensas cantidades de agua.
La agricultura intensiva es la causa principal del agotamiento del agua en el mundo, se bebe el 70%. Y los granjeros industriales están entre los mayores consumidores de petróleo.

No suena muy bien...
Las consecuencias de anteponer los beneficios a las personas son: nuevas enfermedades, muerte de los campos y miles de millones de personas hambrientas. La mitad de suelo europeo afronta problemas de calidad.

¿Las piscifactorías son más sanas?
Se requieren entre tres y cinco toneladas de peces pequeños para producir una tonelada de peces de piscifactoría.

¿Viven mejor que las vacas y los cerdos?
Viven hacinados en espacios pequeñísimos, con frecuencia padecen cataratas, que les deja ciegos, heridas en las aletas y la cola, e infecciones producidas por parásitos. Un estudio ha revelado que las concentraciones de sustancias químicas son significativamente mayores en las muestras de peces de criadero.

¿Cuáles son las consecuencias de comer carne barata para la salud humana?
Los alimentos de ganadería industrial contienen más grasas saturadas, menos cantidad de omega 3, nutrientes esenciales y proteínas.

¿Por lo que comen y les inyectan?
Sí. A los pollos industriales se los alimenta para que engorden deprisa y produzcan carne con mucha grasa y pocas proteínas. Una porción de pollo de supermercado contiene hoy un 50% más de calorías que en 1970, y 2,7 más de grasa.

Entonces no es bueno ni para ellos ni para nosotros.
Las granjas industriales son inherentemente crueles. Gallinas ponedoras en jaulas tan pequeñas que ni siquiera pueden mover las alas, pollos de engorde que se desploman bajo el peso de sus enormes cuerpos, cerdos y vacas encerradas en gigantescas naves sin vida social y sin acceso a pastos durante toda su vida.

¿Es una tendencia en declive?
Se prevé que en el 2030 al menos el 75% del crecimiento de la producción se produzca en granjas de animales confinados.

¿Hay soluciones alternativas?
Los herbívoros deben pastar, la tierra de labranza y el ganado deben convivir en armonía, así convertimos la vida vegetal que nosotros no podemos comer en alimento comestible. El pescado debe alimentar a las personas y no a los animales de granja. Hace falta políticas que promuevan ese cambio.

El argumento es que no hay comida para todos.
El sistema actual produce alimentos para 16.000 millones de personas. Desperdiciamos la mitad. Y darle a los animales los cereales que podríamos consumir no tiene sentido.

¿Se resiente el medio ambiente?
La ganadería industrial es uno de los principales detonantes de la extinción de especies y contribuye a la contaminación de nitrógeno en el entorno. Los pesticidas son la causa de la desaparición de los insectos polinizadores necesarios para la supervivencia.

La OMS recomienda menos carne.
Sí, y de mayor calidad. La carne barata es mala para el medio ambiente, para los animales y para nuestra salud. La vinculación entre la carne procesada y la carne roja y ciertos tipos de cáncer y cardiopatías está más que demostrada.

¿Qué comeremos?
Entre otras cosas las algas cubrirán las necesidades proteicas de gran parte de la población y se está creando carne artificial a partir de células madre. Hay una retahíla de soluciones que harán que la ganadería industrial forme parte del museo de la crueldad.
 
(Entrevista de Ima Sanchís publicada en La Vanguardia, el 8 de mayo de 2017.)

martes, 10 de enero de 2017

Más daños que beneficios




[…] Hoy en día los médicos recomiendan pruebas sin fundamento científico, como el tacto rectal y la determinación del PSA («antígeno prostático específico», cuya medición se ofrece para «prevenir» el cáncer de próstata). Los urólogos inyectan miedo contra el cáncer de próstata, sin ciencia ni conciencia pero con consecuencias terribles. Así, por «marcadores altos» (PSA), un vicepresidente del Gobierno de España terminó ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos por septicemia tras una biopsia prostática transrectal. Es parte del calvario a que se somete a los varones, intimidados con la próstata y alrededores, sin fundamento científico, con tactos rectales, PSA, biopsias e intervenciones que producen complicaciones hasta en el 40% de los varones estudiados, incluso septicemias como la comentada. Y tras la intervención quirúrgica, impotencia (en el 20% de los casos), incontinencia (en el 25%) e incluso muerte (en el 0,5%). Y en el 60% de casos hay sobrediagnóstico en estos pacientes con próstata extirpada por «cáncer»; es decir, más de la mitad de los varones intervenidos por «cáncer» de próstata lo son innecesariamente. El médico puede argüir ante el paciente que «le he salvado de morir de cáncer de próstata», pero debería decir, más bien: «He hecho negocio con su próstata, y lamento si como consecuencia cree que le he salvado de morir de cáncer y le he dejado impotente e incontinente».
[…] En un programa de diagnóstico precoz del cáncer de mama con mamografía aplicado cada dos años durante diez años a mujeres mayores de 50 años, se evita que muera de cáncer una de cada 1.000 (la mortalidad por cáncer de mama pasa de 5 a 4 por 1.000), pero no cambia el número total de mujeres muertas por cualquier causa. Además, unas 100 mujeres tienen que ser estudiadas a fondo para descartar los errores de falsos positivos. La propia mamografía produce cáncer (es una radiografía sobre un tejido muy «sensible») del orden de 90 por cada 100.000 mamografías. Y como no hay método perfecto, se escapan sin diagnosticar (falsos negativos) dos cánceres por cada 1.000 mamografías. Conviene tener en cuenta que, a consecuencia de las mamografías, entre 5 y 15 mujeres son diagnosticadas de cáncer de mama que nunca hubiera dado metástasis pero son intervenidas y seguidas de por vida como si tuvieran un cáncer mortal («salvadas» en falso de morir por cáncer de mama, convertidas en mujeres estigmatizadas, aparentemente sobrevivientes al cáncer; es lo que se llama «sobrediagnóstico»). La medicina carece de medios para distinguir los cánceres de mama diagnosticados con el programa preventivo de mamografías, de forma que no se puede saber cuáles permanecerían «dormidos» de por vida y cuáles serían agresivos y mortales si se dejan a su propia evolución. Con ello se incrementa en falso el «ejército de sobrevivientes al cáncer de mama» y la supervivencia a los cinco años, que llega a ser casi del 95%. La falacia del diagnóstico precoz provoca mucho daño sin beneficios.
[…] Los mismos cánceres tan temidos pueden desaparecer espontáneamente, o parar su crecimiento y no dar metástasis nunca. […] En el cáncer de mama, hasta un 30 o 40% del total nunca hubieran matado a la mujer dejados a su evolución espontánea. En el cáncer de próstata ese porcentaje sube al 60%, de forma que más de la mitad de los varones son intervenidos de cánceres que nunca amenazarían su vida a consecuencia de los «diagnósticos precoces» de cáncer de próstata. Son casos de sobrediagnóstico, de diagnósticos inoportunos que llevan a cirugía, quimioterapia y radioterapia innecesarias y a una vida pendiente de las revisiones y de las temidas recidivas. Son vidas expropiadas de por vida por parte de los médicos y sus técnicas, para mayor enriquecimiento de los médicos y de los accionistas de las distintas industrias involucradas.
[…] La población quiere el diagnóstico precoz, en la falsa idea de que siempre es oportuno y lleva a una mejor curación. Cuesta entender que el sobrediagnóstico no sea un error de diagnóstico sino un error de pronóstico. Es decir, que no es falso el diagnóstico de cáncer de colon (o de mama, o de próstata) sino el pronóstico, el creer que si se deja sin tratamiento se convertirá en causa de muerte. El diagnóstico es correcto pero la «historia natural» no es la prevista, y por ello el proceso de cribado y diagnóstico precoz conlleva más daños que beneficios. Como hemos señalado, el diagnóstico precoz puede ser un diagnóstico inoportuno, que alarme y produzca más daños que beneficios.”

Juan Gérvas y Mercedes Pérez-Fernández, La expropiación de la salud, Los libros del lince, Barcelona, 2015, páginas 61, 106, 107, 173 y 174.