miércoles, 30 de noviembre de 2016

El vino de Barcelona



"Durante siglos el llano de Barcelona estuvo poblado de viñas. Pero a finales del siglo xix la expansión del cemento las fue arrinconando hasta hacerlas desaparecer. Desde 2010, no obstante, unas cuantas vides dan sus frutos en las faldas de la sierra de Collserola. Con las uvas de la masía de Can Calopa de Dalt, que es de propiedad municipal, se elaboran al año unas diez mil botellas de vino tinto con las etiquetas Vinyes de Barcelona, que se consumen únicamente en actos protocolarios del Ayuntamiento, y Vinyes de Collserola, que sí se venden. Lo mejor del caso es que los jóvenes que cuidan la viña y hacen el vino son trabajadores con discapacidades psíquicas de L’Olivera Cooperativa (olivera.org). Gracias a su tenacidad, una finca que arrasó la filoxera hace un siglo y medio ha vuelto a dar sus frutos." (Del librito Historias del vino, de www.incorpore.org, que me han regalado colgando del cuello de una botella.)

viernes, 4 de noviembre de 2016

Contra la guerra

«Tenía que aprender a ser cariñosa. A ser débil y delicada. Me extrañaba si me abrazaban. Me había acostumbrado a valerme por yo sola. Deseaba oír palabras tiernas, pero no las entendía. Me parecían tan infantiles… En el frente, en compañía de hombres, el oído se me había acostumbrado a palabras más fuertes. Una amiga mía, que trabajaba en una biblioteca, me aconsejaba: “Lee poesía”.
Me casé pronto. Un año después de la guerra. Me casé con un ingeniero de la fábrica. Yo anhelaba el amor. Soñaba con una casa, con una familia. Con una casa que oliera a niños pequeños. Olfateaba los primeros pañales, no me cansaba de olerlos. Olor de felicidad… De felicidad femenina… En la guerra no hay olores de mujeres, todos los olores son masculinos. La guerra huele a hombre.» (Klavdia S-va, francotiradora)

«Todo el mundo se queda alucinado con lo colorida que soy. Con estos adornos que llevo. En la guerra yo era igual. Me pongo encima cualquier cosa que brille. Si renuncias a ser mujer, no sobrevives en la guerra. Nunca he envidiado a los hombres. Ni de pequeña, ni de joven. Tampoco durante la guerra. Siempre me he alegrado de ser mujer. Muchas veces se dice que las armas, una metralleta o una pistola, son bellas, que en ellas hay mucho de pensamiento, mucha pasión… Pues para mí las armas nunca han sido bellas, me es del todo incomprensible la admiración que siente un hombre ante una pistola. Yo soy una mujer.» (Elena Borívsona, soldado, armera)

«No me gustan los juguetes bélicos, los juguetes de guerra para niños. Los tanques, las metralletas… ¿Quién los ha inventado? Me revuelven el alma. Yo nunca les he comprado ni regalado a los niños juguetes de guerra. Ni a los míos ni a los de los demás. Una vez alguien trajo a casa un avioncito de guerra y una metralleta de plástico. Los envié directamente a la basura. ¡Al momento! Porque la vida humana es un regalo tan grande… ¡El mayor regalo! Las personas no somos dueñas de ese regalo…» (Tamara Stepávnova, cabo mayor de Guardia, técnica sanitaria)

(Svetlana Alexiévich, La guerra no tiene rostro de mujer, Penguin Random House Grupo Editorial, Barcelona, 2015)