martes, 22 de mayo de 2012

Lo que hay que tragar




“En una escuelita de Brasil, en el Mato Grosso, un profesor de primaria expuso un problema de matemáticas: un empresario agrícola dispone de 100 hectáreas de buena tierra de cultivo y llama a un experto agrónomo que le aconseja tres posibles siembras: cultivar caña de azúcar para combustibles, soja para pienso en Europa o una plantación de eucaliptos para fabricar papel. Para calcular los costes le explica que en el primer cultivo necesitará 10 puestos de trabajo, dos en el segundo y uno en el tercero. ¿Qué le conviene al empresario?

De los 25 alumnos, 24 respondieron, sin dudarlo, plantar eucaliptos. La niña discordante dijo «Vivo en una cooperativa del Movimiento Sin Tierra, mis padres y sus compañeros consiguieron 100 hectáreas de tierra que dedicadas a agricultura familiar proporcionan alimentos y 35 puestos de trabajo. Por eso puedo venir a la escuela»”.

Gustavo Duch: Lo que hay que tragar. Minienciclopedia de política y alimentación, Los libros del lince.

En el mercado de los alimentos de nuestro mundo globalizado imperan la injusticia y la irracionalidad. Preferimos manzanas importadas de Austria a las que se cultivan a pocos quilómetros, comemos pollos nutridos con soja que crece donde antes había selva amazónica, engordamos a nuestras vacas o llenamos el depósito de nuestros coches con maíz que jamás debería haber salido del puchero de los 1.200 millones de hambrientos que malviven en el Sur, arrebatamos a los pequeños pescadores artesanales el pescado con que alimentamos a los salmones de piscifactoría, consumimos perca del lago Victoria mientras sus ribereños pasan hambre, destruimos manglares de gran valor ecológico para instalar piscinas de cría de langostinos... El libro de Gustavo Duch denuncia este orden delirante. Y también lo hace la web de Veterinarios Sin Fronteras: clic.

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