lunes, 17 de diciembre de 2012

El viejo samurái



Cerca de Tokio vivía un gran samurái, ya anciano, que se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que aún era capaz de derrotar a cualquier adversario.

Cierta tarde apareció por allí un guerrero del que se decía que jamás había perdido un combate. Conociendo la reputación del samurái, estaba allí para retarlo, derrotarlo y ganar fama.

Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafío.

Fueron todos hasta la plaza de la ciudad y el joven comenzó a insultar al viejo maestro. Arrojó algunas piedras contra él, le escupió a la cara, gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus antepasados. Durante horas hizo todo lo posible para provocarlo, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.

Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:

—¿Cómo ha podido usted soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada, aún sabiendo que podía perder la lucha, en vez de mostrarse cobarde ante todos nosotros?

—Si alguien te ofrece un presente y tú no lo aceptas, ¿a quién pertenece el regalo...? —respondió imperturbable el samurái.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Bicicletas, bicicletas, bicicletas

“En las áreas urbanas, los desplazamientos de menos de 5 km son igual de rápidos en bicicleta que con otros medios e incluso se ahorra tiempo. Además, la bicicleta ahorra costes interminables. Una persona trabaja como media al menos un día a la semana (o una hora y media al día) para pagar los vehículos que utiliza, por lo que, si trabajáramos cuatro días a la semana e hiciéramos los desplazamientos en bicicleta, todavía ahorraríamos más dinero que trabajando toda la semana utilizando el coche. Según el pensador radical Ivan Illich, el conductor medio norteamericano se pasa 1.600 horas al año (30 a la semana) trabajando para pagar el coche, al volante o en actividades de cuidado y mantenimiento. En el año en que Illich realizó el experimento, como promedio los conductores condujeron 12.000 km anuales, cubriendo como media unos 8 kilómetros por hora. Una bicicleta puede cubrir entre 15 y 30 km por hora y puede comprarse de segunda mano por 100 euros y mantenerse por 25 al año.” (J. Merkel)


Todos estos bicívic@s hace tiempo que se dieron cuenta:

http://www.rtve.es/television/20121106/bicivicos/573093.shtml

sábado, 13 de octubre de 2012

domingo, 16 de septiembre de 2012

Personas Altamente Sensibles

De ser cierto lo que afirma la psicóloga y novelista norteamericana Elaine Aron, autora del best seller El don de la sensibilidad, una de cada cinco personas posee un sistema nervioso de una sensibilidad extraordinaria. Son hombres y mujeres que se emocionan a menudo en el cine, que no soportan las imágenes sensacionalistas de los informativos, que llegan exhaustos a casa después de un concierto multitudinario o una noche de discoteca, que prefieren los rincones silenciosos y con luz tenue, que advierten inmediatamente los más leves cambios de humor de quienes les rodean, que acostumbrar a sufrir por amor... Por un parte, los PAS son seres intuitivos, empáticos, creativos, abiertos a la belleza, dotados de una gran inteligencia emocional y capaces de concentrarse profundamente. Por otra, son escrupulosos, tienden a inhibirse en determinadas situaciones sociales, asimilan con dificultad los cambios y se sienten incómodos en lugares ruidosos o en entornos laborales caóticos o muy jerárquicos.

Si has llegado a este blog es porque probablemente eres un@ de ell@s (puedes saberlo haciendo este sencillo test: clic). Ser altamente sensible tiene sus desventajas, pero, visto desde una óptica más optimista, puede considerarse un gran don. Ya se sabe, “si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonada”, sin duda puedes hacer mucho más por mejorar este atribulado mundo en que nos ha tocado vivir que aquell@s que sólo se emocionan cuando juega su equipo o ante la expectativa de amasar más dinero. Bienvenid@ al club y adelante, ¡hay mil causas en las que implicarse! (Para conocer algunos testimonios: clic.)


sábado, 21 de julio de 2012

martes, 22 de mayo de 2012

Lo que hay que tragar




“En una escuelita de Brasil, en el Mato Grosso, un profesor de primaria expuso un problema de matemáticas: un empresario agrícola dispone de 100 hectáreas de buena tierra de cultivo y llama a un experto agrónomo que le aconseja tres posibles siembras: cultivar caña de azúcar para combustibles, soja para pienso en Europa o una plantación de eucaliptos para fabricar papel. Para calcular los costes le explica que en el primer cultivo necesitará 10 puestos de trabajo, dos en el segundo y uno en el tercero. ¿Qué le conviene al empresario?

De los 25 alumnos, 24 respondieron, sin dudarlo, plantar eucaliptos. La niña discordante dijo «Vivo en una cooperativa del Movimiento Sin Tierra, mis padres y sus compañeros consiguieron 100 hectáreas de tierra que dedicadas a agricultura familiar proporcionan alimentos y 35 puestos de trabajo. Por eso puedo venir a la escuela»”.

Gustavo Duch: Lo que hay que tragar. Minienciclopedia de política y alimentación, Los libros del lince.

En el mercado de los alimentos de nuestro mundo globalizado imperan la injusticia y la irracionalidad. Preferimos manzanas importadas de Austria a las que se cultivan a pocos quilómetros, comemos pollos nutridos con soja que crece donde antes había selva amazónica, engordamos a nuestras vacas o llenamos el depósito de nuestros coches con maíz que jamás debería haber salido del puchero de los 1.200 millones de hambrientos que malviven en el Sur, arrebatamos a los pequeños pescadores artesanales el pescado con que alimentamos a los salmones de piscifactoría, consumimos perca del lago Victoria mientras sus ribereños pasan hambre, destruimos manglares de gran valor ecológico para instalar piscinas de cría de langostinos... El libro de Gustavo Duch denuncia este orden delirante. Y también lo hace la web de Veterinarios Sin Fronteras: clic.

viernes, 20 de enero de 2012

“Trabajamos más horas que un esclavo romano”


Antonio Fornés, filósofo. Soy barcelonés. Vivo en pareja y tenemos un perro: Happy. Trabajo en la industria farmacéutica. Creo que son los filósofos los que deberían tener más influencia en lo político, los tecnócratas se han olvidado de las ideas básicas del humanismo. Soy católico.

¿Sumergidos en el gris?
Así vivimos. La sociedad actual nos convierte en engranajes, máquinas productivas que anhelan continuamente hacer algo, incluso en su tiempo libre.

Lo llamamos aprovechar el tiempo.
Hacer y hacer, lo único que provoca es que el tiempo pase a una velocidad tremenda y que no saboreemos la auténtica densidad de la vida. Ya lo decía Pascal: el mayor problema del hombre es la incapacidad de estar solo consigo mismo.

Un viejo problema.
Mientras seamos máquinas de producir, somos perfectamente sustituibles tanto en el trabajo como en la familia.

Qué duro suena eso.
Sólo cuando reflexionamos ejercemos de seres humanos, y la reflexión es algo personal y necesario para el equilibrio. La sociedad actual nos despieza, nos da remedios para el dolor, para las vacaciones, para ser guapos, contra el aburrimiento... Todo parece estar al alcance, y tenemos la esperanza de que las cosas externas van a resolver nuestros problemas, pero las respuestas no están fuera, sino dentro de nosotros.

Bucear en las miserias da pereza.
A través de Iván Karamázov, Dostoyevski cuenta que Jesús vuelve a la tierra y Torquemada, el gran inquisidor, lo encierra y le dice: tú te crees que los hombres quieren ser libres y buenos, pero es mentira...

Un monstruo ilustrado.
... Lo primero que busca todo hombre es alguien que le esclavice, que le diga lo que tiene que hacer. Quiere milagros, pero no quiere ejercer la libertad, prefiere ser un niño.

Es más cómodo.
Llegar agotados a casa nos sirve de excusa para no tomar nuestras propias decisiones y no escucharnos a nosotros mismos. Ese continuo dejarnos llevar es infantil. Hay que entrar en la edad adulta.

“Levantarse, tranvía, oficina, tranvía, comida, tranvía, oficina, tranvía, cena”.
Sí, eso dice Albert Camus en el mito de Sísifo. Pero un día surge el “por qué”.

Porque tengo que pagar el alquiler...
Hay que cambiar el acento, volver a dar a las cosas su valor. Estamos sobrevalorando la propiedad y el trabajo, y más en tiempos de crisis. ¿Cuántas personas conoces que viven esclavizadas a una hipoteca por tener un piso 30 metros cuadrados más grande, un coche nuevo o unas vacaciones? ¿No es absurdo?

Es el miedo lo que nos esclaviza.
Actualmente trabajamos más horas que un esclavo romano, pero creemos que vivimos en una sociedad superlibre.

Algo de razón tiene.
Damos demasiado peso a cosas superficiales; podríamos vivir con muchísimo menos, ese dejarnos llevar pesa demasiado. En los ambulatorios hay folletos para recordarnos que en verano hace mucho calor, que vayamos por la sombra y bebamos agua.

Absurdo, sí.
Hay que parar e incluso retroceder, porque el avance continuado es una especie de locura que nos lleva al vacío y la angustia. Hay una anécdota de Henry Ford que demuestra lo manejables que somos. En plena crisis del 29 decidió subir el sueldo a todos sus empleados. Sus asesores lo tomaron por loco, y él les dijo: ¿Qué creéis que harán todos en cuanto les subamos el salario?

Comprarse un coche.
Efectivamente. La angustia está cuando nos volcamos fuera y nos olvidamos de nosotros. Lo hemos frivolizado todo en un esfuerzo por estar entretenidos como niños.

Ahora estamos atrapados: trabajamos más por menos.
El sistema no va a cambiar. Platón decía que el mejor sistema político es aquel que tiene a los mejores ciudadanos. Debemos cambiar nosotros, recuperarnos como seres humanos y vencer el miedo.

Tenemos muchos. ¿A cuál de ellos?
Estamos dispuestos a trabajar más por menos dinero por miedo a perder el puesto de trabajo, es lo que decía Dostoyevski: preferimos ser esclavos y no pensar y no temer, pero eso nos deshumaniza.

Entiendo.
Los subidones que nos provoca el consumo nos acaban convirtiendo en drogadictos. No vale la pena trabajar un minuto más por tener un coche mejor. La sofisticación y el placer están en cosas mucho más importantes y fáciles que nos mejoran como personas; desde una buena conversación hasta implicarnos, no con el mundo, sino con nuestro hermano y nuestro vecino.

Cuando no tienes nada que perder es fácil rebelarte.
¿Qué es más importante que vivir? Lo estamos perdiendo todo cada día, deberíamos arriesgar porque tenemos mucho que ganar: vivir la vida en plenitud, estar orgullosos de haber vivido. ¿Qué nos quedará al final del camino tras haber sido tan buenos trabajadores?...

Igual la empresa te regala un reloj.
No tiene sentido, no podemos apostar nuestra vida en el trabajo, la casa y las obligaciones, eso es nada. Al final sólo nos quedará el haber vivido en la máxima de las dignidades, que es la de ejercer de ser humano.

¿Y qué es aprovechar la vida?
Masticarla. Hoy creemos que estudiar ha de servirnos para algo, ha de ser una herramienta, y no es así; el conocimiento nos enriquece como personas, nos eleva, para eso sirve. Debemos vivir por vivir como el niño juega por jugar. Lo demás es puro engaño.

Qué bello es vivir
No tenemos tiempo de ver a los amigos, de reflexionar en voz alta con ellos, ni de estar con nuestros hijos, estar de verdad. Hay que madrugar, no tenemos tiempo de hacer el amor con la persona que hemos elegido: la pasión se marchita. Lunes, martes, miércoles, jueves... La rutina engulle nuestra vida a cambio de algún capricho, otro jersey negro que luciremos en la oficina, un mes de vacaciones, un coche nuevo para el atasco del domingo. Siento amargarte el desayuno, pero ¿eso es vivir?... ¿Abdicar de la vida para que tus hijos abdiquen el día de mañana de la suya? Mi gato vive mejor. Con la excusa de la publicación de Reiníciate (Diëresis), su autor y yo nos damos un baño de realidad.

(Entrevista de Ima Sanchís publicada en La Vanguardia, el 19 de enero de 2012.)