domingo, 27 de junio de 2010

Malo, incierto, innecesario


—Maestro, últimamente he oído hablar mucho de ti por ahí.
—Ah, y ¿es bueno lo que se dice?
—No, precisamente bueno no es...
—¿Es verdadero al menos?
—No tengo modo de saberlo.
—¿Es necesario entonces que yo me entere...?

Como hizo el filósofo, más de una vez convendría atajar de raíz ciertas conversaciones que pintan mal nada más empezar. “No digas palabras hirientes, pues son las más difíciles de olvidar”, afirma un dicho africano. ¿Puede haber una situación más incómoda que tener que oír cómo alguien habla mal de un tercero que no está presente ni puede defenderse? ¿Merece la pena tomar parte en este juego? Si callas, otorgas y das por buena la “verdad” de otro. Si protestas, te expones a defraudar las expectativas de quien te utiliza como confidente. Si te niegas a participar desde el principio, probablemente aciertas de pleno. Una retirada a tiempo siempre es una victoria. Huir de compañías tóxicas puede resultar muy higiénico. Quien pierde a según qué amigos no sabe lo que gana...

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