lunes, 13 de diciembre de 2010

El aldeano y el diamante

Cuenta una antigua historia que un viajero había llegado a las afueras de una aldea y acampó bajo un árbol para pasar la noche. De pronto, llegó corriendo un joven que, entusiasmado, le gritó: “¡Dame la piedra preciosa!”. El viajero le miró desconcertado y contestó: “Lo siento, pero no sé de qué me hablas”. Más calmado, el aldeano continuó. “Ayer por la noche una voz me habló en sueños, y me aseguró que si al anochecer venía a las afueras de la aldea, encontraría a un viajero que me daría una piedra preciosa que me haría rico para siempre”.

El viajero rebuscó en su bolsa y extrajo una piedra del tamaño de un puño. “Probablemente se refería a esta. La encontré en un sendero del bosque hace unos días. Me pareció bonita y por eso la cogí. Tómala, ahora es tuya”. ¡Era un diamante! El aldeano, eufórico, lo cogió y regresó a su casa dando saltos de alegría.

Mientras el viajero dormía plácidamente bajo el cielo estrellado, el joven no podía pegar ojo. El miedo a que le robaran su tesoro le había quitado el sueño y pasó toda la noche dando vueltas sobre la cama. Al amanecer, fue de nuevo corriendo en busca de aquel viajero. Nada más verlo, le devolvió la piedra preciosa. Y muy seriamente, le suplicó: “Por favor, enséñame a conseguir la riqueza que te ha permitido desprenderte de este diamante con tanta facilidad”.

domingo, 3 de octubre de 2010

Adivinanza

“Son los mimados de la familia.
Son glotones, devoran petróleo, gas, maíz, caña de azúcar y lo que venga.
Son dueños del tiempo humano, dedicado a bañarlos, a darles comida y abrigo, a hablar de ellos y a abrirles caminos.
Se reproducen más que nosotros, y ya son diez veces más numerosos que hace medio siglo.
Matan más gente que las guerras, pero nadie denuncia sus asesinatos, y menos que nadie los periódicos y canales de televisión que viven de su publicidad.
Nos roban las calles, nos roban el aire.
Se ríen cuando nos escuchan decir: Yo manejo.”
(Eduardo Galeano, Espejos, Siglo XXI)

martes, 28 de septiembre de 2010

Una verdad MUY incómoda

Cada año, la agricultura mundial produce suficientes alimentos para cubrir las necesidades de 12.000 millones de personas. Bien, “sólo” somos 6.900. Sin embargo, cada día, cerca de cuarenta mil personas mueren de hambre (de hecho, en la segunda mitad del siglo XX, ¡¡¡¡1.500 millones!!!! de personas desnutridas perecieron en nuestro planeta). Mal, muy muy mal. Son cifras obscenas, indecentes, que producen insomnio.

¿Qué está funcionando mal, pues, si en teoría hay alimentos de sobras? Veamos. El 40% de los cereales del mundo (y un tercio de las capturas pesqueras, dicho sea de paso) se emplean en mantener la cabaña ganadera de los países Norte. O sea, que buena parte del trigo mundial, por ejemplo, se lo comen nuestros animales de granja en vez de nuestr@s niñ@s de África (sí, sí, bien nuestr@s, de tu misma especie, de la misma que la mía). Las vacas occidentales acostumbran a tener amos con bastante más capacidad de compra (entre otras cosas, por las subvenciones públicas que reciben) que los mil millones de habitantes de la Tierra que viven con menos de un dólar al día. Y, como manda la “lógica” del mercado, los productos van a parar a manos de quienes los pueden pagar, no de quienes los necesitan.

¡Vaya panorama desolador! Y tú te preguntarás, ¿qué puedo hacer para ayudar a cambiar esta situación? En primer lugar, qué tal si procuras que tu dieta sea principalmente vegetariana (por cierto, comer vegetales –de temporada, claro– es más sano y más barato que comer carne). No es cuestión de que renuncies a las proteínas de origen animal, pero modera al menos su consumo. En segundo lugar, quizá te apetezca auxiliar a las Naciones Unidas en su lucha contra el hambre.

La ONU considera que esta lacra podría ser erradicada con 40.000 millones de dólares. Tal vez puedas prestar tu aportación a la FAO, que ayuda a los agricultores del Tercer Mundo a mejorar sus cosechas, o al Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, que se encarga de las emergencias alimentarias: clic + clic. Vamos, no te hagas el remolón, que para eso perteneces a la aristocracia del planeta. ¿No tomas tres comidas al día? ¿No estás sentado ante un flamante ordenador? Pues entonces.

¡Salud y feliz día!

(Si te interesa este tema, eres libre de hacer clic.)

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Liger@ de equipaje


Cuentan que un viajero fue a visitar a un sabio maestro. Su humilde morada se encontraba prácticamente vacía, solamente tenía una cama, un cuenco para la comida y poco más. El visitante observó sorprendido esa austeridad y le preguntó: “¿Cómo es que vive con tan poco?”. A lo cual el sabio respondió: “Tú también vas con una mochila muy pequeña”. Ante estas palabras, el viajero alegó: “Pero es que yo solo estoy de paso, estoy viajando”, a lo cual el maestro añadió: “Yo también”. Clic.

martes, 7 de septiembre de 2010

Reír a mandíbula batiente



“Siendo redactor de la revista Saturday Review e inmediatamente después de regresar (totalmente extenuado) de un viaje al extranjero, Norman Cousins comenzó a experimentar una fiebre muy alta y grandes dolores en todo su cuerpo. Fue rápidamente ingresado en un hospital, donde le diagnosticaron una enfermedad del tejido conjuntivo considerada incurable [espondilitis anquilosante]. Le dolían tanto las articulaciones que no podía realizar ni el más leve movimiento. Los médicos le dijeron abiertamente que las posibilidades de recuperarse eran prácticamente nulas. Negándose a aceptar este triste destino, Cousins decidió tratarse a sí mismo.

Recordó una conferencia sobre las nefastas consecuencias que las emociones negativas tienen sobre el organismo. Entonces pensó que si en su caso, las emociones negativas habían jugado un papel determinado en la aparición de su enfermedad, tal vez las emociones positivas fueran capaces de restablecer el equilibrio, es decir, de devolverle la salud. Así, decidió combatir su enfermedad con alegría, humor y risa. En una primera etapa pidió que en su propia habitación del hospital se le permitiera proyectar películas cómicas y desde el primer día comenzó a experimentar cierta mejoría. Pronto se dio cuenta de que 10 minutos de risa le permitían dormir 2 horas sin ningún dolor. Poco después abandonó el hospital trasladándose a la habitación de un hotel, que además de resultarle mucho más económica, le ofrecía mayores comodidades y alimentos a su gusto. Allí las sesiones de cine cómico fueron realmente maratónicas y como resultado, en muy breve plazo se curó por completo.”

David García Walker, Los efectos terapéuticos del Humor y la Risa, Editorial Sirio, Málaga, 1999, pág. 15-16.

Tal vez haya pocos casos tan increíbles como este, pero hoy por hoy numerosos estudios médicos han demostrado con creces que las emociones positivas favorecen la salud de las personas. El humor y la risa combaten el estrés, la ansiedad, la hipertensión, la contracción muscular y los trastornos intestinales, además de fortalecer el sistema inmunológico (al aumentar la actividad de las células NK, natural killers, que protegen al organismo de agentes nocivos tales como virus y células cancerígenas).

¿Te acuerdas del episodio más gracioso de tu vida? No dejes de traerlo a la mente tan a menudo como puedas...

martes, 31 de agosto de 2010

Peras al peral, no al olmo


Existen cuatro temperamentos o maneras innatas básicas de comportarse desde el punto de vista emocional:

a) El sanguíneo es inquieto, vivaz, extrovertido, optimista, divertido y voluble. Reacciona rápidamente a los estímulos, se adapta deprisa a los cambios y toma decisiones sin reflexionar demasiado.
b) El melancólico es tímido, introvertido, reflexivo, perfeccionista y analítico. Al ser sensible, se ofende fácilmente y pueden caer en la tristeza sin razón aparente, pero también disfruta profundamente de actividades como el estudio o el arte.
c) El colérico es impulsivo, ambicioso, audaz, práctico e independiente. Pisa fuerte para lograr las metas que se propone y es un buen líder, aunque puede llegar a intimidar y controlar en exceso.
d) El flemático es tranquilo, pausado, leal y bonachón. Amante de las rutinas, no le atraen los cambios y reacciona con lentitud a los estímulos. Antes de tomar una decisión, la medita profundamente.

“Conócete a ti mismo”, decían los griegos. Si intuyes que eres melancólico, no te hagas policía antidisturbios. Si eres sanguínea, no durarás mucho como bibliotecaria. Y conoce a los demás. No le pidas demasiado a menudo a tu pareja flemática salir a bailar a la discoteca. Busca a tu amigo colérico, en cambio, si quieres montar un equipo de rugby. Un buen ejercicio para mejorar nuestras relaciones interpersonales consistiría en ver de qué pie cojean aquellos con quienes nos relacionamos más a menudo. Sin olvidar, claro está, que estos cuatro modelos no son compartimentos estanco, que existen temperamentos mixtos y que tod@s evolucionamos a lo largo de la vida.

martes, 24 de agosto de 2010

Una historia estimulante

“Hace algunos años una revista americana publicó la historia de una profesora de instituto de matemáticas. Una tarde pidió a sus alumnos que escribiesen los nombres de todos sus compañeros de clase, dejando un espacio entre cada nombre. Después les pidió que pensasen y apuntasen en la hoja una cualidad, algo especial, que quisiesen destacar acerca de cada uno de sus compañeros. Al final de la clase recogió las hojas y durante el fin de semana preparó un folio con el nombre de cada alumno, y allí reunió todos los cumplidos que había merecido por parte de sus compañeros. Entregó su hoja a cada alumno. El contenido de los folios no se discutió nunca en clase —cada alumno leyó su folio en privado— pero quedó claro por los comentarios que se escucharon aquella tarde —«no sabía que les caía tan bien», «pensaba que no le importaba de verdad a nadie»— que los alumnos vivieron el ejercicio de forma muy positiva.

Varios años más tarde uno de estos alumnos, un joven llamado Mark Eklund, murió en Vietnam. Cuando el cuerpo fue repatriado a Minnesota casi todos sus antiguos compañeros, y la profesora de matemáticas, asistieron al funeral. Después del funeral el padre del joven soldado dijo a la profesora: «Quiero enseñarle algo», y sacó una billetera de su bolsillo. «La tenía Mark cuando lo mataron. Creo que era importante para él y que tiene que ver con usted». Abrió la billetera y sacó dos folios de papel gastados por el uso. Era la lista de cualidades que los compañeros de Mark habían elaborado hacía años. A raíz de aquello muchos compañeros de Mark reconocieron que para ellos también aquella lista había sido importante: casi todos la guardaban en un lugar valioso para ellos. Uno dijo: «Creo que todos hemos conservado nuestra lista».”

Elsa Punset, Brújula para navegantes emocionales, Aguilar, 2008, pág. 129-130.

Una vez más, queda demostrado el poder de los pequeños gestos para lograr grandes cambios. Con la calderilla de unos pocos ricos, no tardaríamos en mejorar la situación de la mayoría de los pobres (de50en50.blogspot.com). Con un poco de generosidad emocional, podríamos contribuir a alegrar la vida de quienes nos rodean, y, de paso, la nuestra. El egoísmo inteligente beneficia a tod@s. ¿Os imagináis la satisfacción de aquella maestra de matemáticas? ¿Puede haber un regalo mayor que el que recibieron sus alumnos? Tal vez en tu entorno alguien no acaba de creer en sí mismo o en el mundo que le rodea... ¿No tendrás por ahí una palabra de apoyo?

sábado, 21 de agosto de 2010

Citas para pensar (II)


“No he nacido para un solo rincón, mi patria es el mundo entero.” (Séneca)
“El premio de una buena acción es haberla hecho.” (Séneca)
“La duración de mi vida no depende de mí; que durante este tiempo yo viva realmente, eso sí depende de mí.” (Séneca)
La xenofobia es una enfermedad de sujetos miedosos y con complejo de inferioridad que tiemblan ante la perspectiva de verse obligados a reflejarse en el espejo de una cultura ajena.” (R. Kapuscinski) 
“La riqueza consiste mucho más en disfrutar que en poseer.” (Aristóteles)
“Dejar de aprender es empezar a morir.” (Rubén Méndez Cebrián)
“Todos tenemos pensamientos necios, pero el sabio se los calla.” (Wilhelm Busch)
“El único medio de salir ganando de una discusión es evitarla.” (Dale Carnegie)
“Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia.” (Marcel Proust)
“Con la felicidad pasa como con los relojes, los menos complicados son los que menos se estropean.” (Sébastien Roch Nicolas Chamfort)
“La vida, cuanto más vacía está, más pesa.” (León Daudí)
“Estar contentos con poco es difícil, con mucho es imposible.” (Marie Ebner-Eschenbach)
“La mayoría de los hombres prefieren parecer que ser.” (Esquilo)
“Las verdades más sencillas son aquellas a las que el hombre llega más tarde.” (Ludwig Feuerbach)
“La felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria.” (Edwige Caroline Cunati Feuillère)
“Quien compra lo superfluo no tardará mucho a verse obligado a vender lo que es necesario.” (Benjamin Franklin)
“Por favor, queredme poco si deseáis quererme mucho tiempo.” (Robert Herrick)
“Vale más estar callado y que sospechen tu necedad que hablar para sacarlos de la duda.” (Abraham Lincoln)
“¿Quieres tener mucha gente contigo? Procura no necesitar a nadie.” (Alessandro Manzoni)
“La suerte no consiste más que en la habilidad de aprovechar las ocasiones favorables.” (Orison S. Marden)
“Todo placer esperado es más grande que el obtenido.” (Pietro Metastasio)
“Quien teme sufrir sufre ya lo que teme.” (Michel de Montaigne)
“La felicidad no es una estación a la que se llega sino una manera de viajar.” (Margaret Lee Runbeck)
“Si te sientes solo cuando estás solo, entonces te encuentras en mala compañía.” (Jean-Paul Sartre)
“Para conseguir lo que quieres te servirá más la sonrisa que la espada.” (William Shakespeare)
“Con los defectos de los otros el sabio corrige los propios.” (Publilio Sirio)
“Nunca he dejado que mi instrucción escolar interfiriese con mi educación.” (Mark Twain)
“Hemos alterado tan radicalmente nuestro entorno que ahora hemos de modificarnos a nosotros mismos para poder existir en él.” (Norbert Wiener)
“La mayoría de nosotros cree que la verdadera vida es la que no llevamos.” (Oscar Wilde)
“Un placer como el de una conversación perfecta es necesariamente extraño, ya que quienes son sabios rara vez hablan y quienes hablan rara vez son sabios.” (Ling Yutang)
“Algún dinero evita las preocupaciones. Mucho, las atrae.” (Confucio)
“Sólo puede ser feliz siempre quien sea feliz con todo.” (Confucio)
“El primer bien, después de la salud, es la paz interior.” (François de la Rochefoucauld)
“Para comprender que el cielo es azul en todas partes, no hace falta dar la vuelta al mundo.” (Johann Wolfgang Goethe)
“La Luna irradia su luz por todo el cielo; sus partes oscuras las guarda para ella sola.” (Rabindranath Tagore)
“Antes de juzgar a alguien, camina tres lunas con sus mocasines.” (proverbio sioux)
“La vida no es más que la continua maravilla de existir.” (Rabindranath Tagore)
“O vivimos todos juntos como hermanos o pereceremos como imbéciles.” (Martin Luther King)

¿Citas para pensar (I)?: clic.

martes, 17 de agosto de 2010

Dos clases de felicidad

Lo que para el cuerpo físico es el orgasmo lo es para nuestro cuerpo espiritual la felicidad. Es una sensación corta y abrumadora, es aquella iluminación que buscan los místicos y los poetas. No se puede ser feliz durante años o durante días enteros. Ni tan siquiera unas horas seguidas. Dostoievski la describe como un preludio a la epilepsia. Rilke habla de la “ferocidad” de la felicidad: es la belleza llevada hasta el límite de lo soportable, más allá del cual empieza el dolor. Tal vez sea Goethe el que mejor intuyó el criterio de felicidad: se es verdaderamente feliz cuando uno quiere que se detenga el tiempo, para conservar aquel momento por toda la eternidad. En cierta manera, la propia vida adquiere sentido si, en la serie infinita de momentos banales, grises, tristes, vergonzosos, ruines, miserables, aburridos de los que se compone cualquier vida se ha encendido , sin embargo, alguna vez, aunque sea una sola, la centella emocionante de la felicidad. “Viví una vez como los dioses y ya no hay otra cosa que desee”, escribe al respecto Hölderlin. Ésa es la verdadera felicidad, que la mayoría de los hombres no busca ni ambiciona, ya que los puede destruir. Vivir como los dioses, aunque sea por un momento, es una hybris que se paga.

No es ésta, desde luego, la felicidad de la Declaración de los Derechos Humanos. Cuando en ella se dice que los hombres persiguen la felicidad como bien supremo de la vida, estamos ante un sentido bien diferente de la palabra, mucho más “sociológico”, frente al sentido místico, estético y religioso de la primera acepción. La felicidad que buscan, por lo general, los hombres, no tiene nada que ver con las experiencias extáticas. Se trata, por el contrario, de la famosa Aurea Mediocritas de los antiguos, de cultivar el propio jardín, de la tranquilidad y la paz de una vida razonable, conveniente para el hombre, desprovista de ansiedad y excesos. En este sentido los filósofos envidiaban la vida simple y satisfecha de los pastores, los logros de quienes no tienen grandes ambiciones y se contentan con lo que les depara cada momento. Si a la felicidad orgásmica de la que antes he hablado podríamos llamarla trascendente, se trata aquí de una felicidad terrestre, inmamente. En el mundo actual consumista y globalizado parece que ya no conocemos otro sentido de la felicidad que este último: mediocre, utilitario, desprovisto de cualquier aspiración que vaya más allá de los tópicos materialistas: una casa confortable, un puesto de trabajo lucrativo, unas vacaciones en el Caribe (o por lo menos en Sinaia...), una familia y estabilidad económica. Un amor calentito (ya no se esfuerza uno ni siquiera en saber si quiere o no de verdad al otro), un trabajo no demasiado creativo, objetos (que recomienda la televisión) con los que poder rellenar cualquier espacio libre... Los hombres han olvidado completamente que recibieron un obsequio abrumador: el de existir en la maravilla del mundo, el de estar vivos, el de ser conscientes de sí mismos. Nunca se plantean preguntas como: ¿Quién soy yo en realidad? ¿Cuál es mi lugar en el mundo? ¿Acaso me ha sido dado algo tan maravilloso como el poder ver y oír tan sólo para ser conductor de autobús o agente publicitario? ¿Acaso he de morirme sin haber hecho nada en este mundo? Condenar este género de felicidad sería, a pesar de todo, en buena medida injusto, a mi entender, tanto como la condena en bloque del modo de vida occidental, ya que dicha condena encarna, en realidad, una reacción “elitista” frente a una felicidad “popular”. Creo que necesitamos ambos tipos de felicidad, que cada uno de ellos es fragmentario, pobre y exagerado si falta el otro. Creo, por otra parte, que son muy pocos tanto los poetas puros y extáticos como los consumistas completamente imbecilizados por la cerveza y la televisión. Somos todos, en realidad, una combinación de ambos, y el ideal humano podría ser, en consecuencia, una vida colmada y materialmente decorosa atravesada de cuando en cuando por los destellos delirantes de la grande y verdadera felicidad.

Mircea Cartarescu, Por qué nos gustan las mujeres, Editorial Funambulista, 2006, pág. 243-246

domingo, 1 de agosto de 2010

La tristeza y la furia


En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizá donde los hombres transitan sin darse cuenta...

En un reino mágico donde las cosas no tangibles se vuelven concretas...

Había una vez...

Un estanque maravilloso.

Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...

Hasta aquel estanque mágico y transparente se acercaron la tristeza y la furia para bañarse en mutua compañía.

Las dos se quitaron sus vestidos y, desnudas, entraron en el estanque.

La furia, que tenía prisa (como siempre le ocurre a la furia), urgida (sin saber por qué), se bañó rápidamente y, más rapidamente aún, salió del agua...

Pero la furia es ciega o, por lo menos, no distingue claramente la realidad. Así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, el primer vestido que encontró...

Y sucedió que aquel vestido no era suyo, sino el de la tristeza...

Muy calmada, muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y, sin ninguna prisa (o, mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.

En la orilla se dio cuenta de que su ropa ya no estaba.

Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo. Así que se puso la única ropa que había junto al estanque: el vestido de furia.

Cuentan que, desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada. Pero si nos damos tiempo para mirar bien, nos damos cuenta de que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad, está escondida la tristeza.

Jorge Bucay

(Si estás triste, sé solidari@ y no molestes a tu entorno. Probablemente quienes te rodean no tienen la culpa)


miércoles, 14 de julio de 2010

Fruta y verdura ecológicas a domicilio


Aunque en otros países europeos ya hace años que existen, los clubes de verdura acaban de echar a andar en España. Sus soci@s reciben en casa semanalmente o cada quince días una caja de frutas y verduras de temporada, cultivadas con procedimientos sanos en huertos del país y recién cogidas. Hay lotes de un sólo producto o de varios y también de diversos tamaños (para familias numerosas, para familias pequeñas, para parejas, para niñ@s...). El precio está en torno a unos 3-4 euros el kilo.

Si eres de l@s que echa de menos los tomates con sabor a tomate, de esos que ya no se encuentran en los supermercados, y no sabes dónde encontrarlos, tal vez te interesa visitar alguna de estas páginas web: El Cabàs, La TavellaDoctorVeg, Recapte, Hortet del Baix, Horta de l'Eixample, De la granja a taulaCaja Nature, Cesta Verde, Gumendi y Mil Historias.

(El nivel de antioxidantes, vitaminas y minerales es mayor en los vegetales ecológicos que en los convencionales —por ejemplo, una naranja ecológica tiene un 20% más de vitamina C, un pimiento ecológico, un 15% más de polifenoles—; de este modo, protegen mucho más contra el cáncer y las enfermedades del corazón. Además, como la fruta ecológica se puede comer con la piel, aporta mucha más fibra. ¡Salud!)

(Si has leído este post, es probable que te interese saber qué es una cooperativa de consumo de productos ecológicos: clic.)

domingo, 27 de junio de 2010

Malo, incierto, innecesario


—Maestro, últimamente he oído hablar mucho de ti por ahí.
—Ah, y ¿es bueno lo que se dice?
—No, precisamente bueno no es...
—¿Es verdadero al menos?
—No tengo modo de saberlo.
—¿Es necesario entonces que yo me entere...?

Como hizo el filósofo, más de una vez convendría atajar de raíz ciertas conversaciones que pintan mal nada más empezar. “No digas palabras hirientes, pues son las más difíciles de olvidar”, afirma un dicho africano. ¿Puede haber una situación más incómoda que tener que oír cómo alguien habla mal de un tercero que no está presente ni puede defenderse? ¿Merece la pena tomar parte en este juego? Si callas, otorgas y das por buena la “verdad” de otro. Si protestas, te expones a defraudar las expectativas de quien te utiliza como confidente. Si te niegas a participar desde el principio, probablemente aciertas de pleno. Una retirada a tiempo siempre es una victoria. Huir de compañías tóxicas puede resultar muy higiénico. Quien pierde a según qué amigos no sabe lo que gana...

martes, 27 de abril de 2010

Limpiadores naturales

¿Puede alguien indignarse mientras limpia el fregadero? Yo, desde luego. Indignación fue lo que sentí la primera vez que vi cómo brillaba el mío con tan sólo restregarlo con vinagre y bicarbonato. ¡Cuántas toneladas de productos tóxicos lanzamos al día a las cloacas sin ton ni son! Para más inri, desde que uso esta mezcla natural de abrasivo más ácido no se me han vuelto a atascar las cañerías (combinados, el vinagre y el bicarbonato disuelven la grasa).

Os animo a usar detergentes naturales. No sólo estaréis protegiendo el medio ambiente, también vuestra salud y vuestro bolsillo. El jabón natural, por ejemplo, es fácil de hacer con aceite usado y sosa cáustica. Rallado y mezclado con zumo de limón, puede servir de excelente lavavajillas. Y para elaborar un fantástico limpiador multiusos, sólo tienes que mezclar 800 ml de vinagre blanco, 180 ml de alcohol, 15 ml de aceite esencial de pino y 5 ml de aceite esencial de menta.

Hay recetas como estas a montones en la red, empezando por las páginas web de Ecologistas en Acción y Green Peace. Si las buscas con Ecoogler, estarás ayudando además a plantar árboles.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Desquiciarse a base de hidratos

En la alimentación occidental, la alimentación de los “ricos”, hay grandes cantidades de azúcar refinado (de caña y de remolacha, sirope de maíz, fructosa, etc.), harinas blancas (pan blanco, pasta blanca, arroz blanco, etc.) y aceites vegetales (de soja, de girasol, de maíz, grasas hidrogenadas). La literatura científica señala que para protegerse del cáncer conviene evitar estas tres fuentes de alimentación (sustituyéndolas por sirope de agave o stevia, pan multicereales o cualquier otro elaborado con levadura madre, arroz integral o basmati, pasta integral y aceite de oliva o de linaza). Pero además de por una cuestión de salud física, estos alimentos deberían evitarse también para mejorar el estado de ánimo.

Más de un@ que ha acudido a una consulta psicológica pensándose que es ciclotímic@, se habría ahorrado la visita si vigilase lo que come. Me explico. Los hidratos de carbono refinados provocan hiperglucemia (elevación del azúcar en la sangre), lo cual se traduce en un estado de excitación física y psíquica que puede degenerar en irritabilidad y agresividad. Cuando el páncreas reacciona y segrega insulina para regular este desajuste, se da una situación de hipoglucemia que lleva aparejadas debilidad física, ansiedad y depresión mental. Para salir del bajón, tendemos a tomar de nuevo hidratos de carbono, y vuelta a empezar...

Si quieres que tu estado anímico se convierta en una delirante montaña rusa, lo tienes fácil, norteamericaniza tu dieta poniéndote morad@ de bollería, cookies, cereales azucarados, pan blanco, burritos, pizza, pasta, patatas fritas, refrescos de cola, zumos envasados... (¡Ni en broma! No se te ocurra hacerlo. ¿Has visto el documental Super size me? El protagonista todavía debe estar intentando recuperarse de la intoxicación...)

jueves, 11 de marzo de 2010

Come poco muchas veces


Pongamos por caso que a partir de mañana te da por comer siguiendo esta pauta:

a) Al levantarte: una fruta cítrica para abrir el apetito (kiwi, naranja, pomelo, piña, mandarina, limón, fresas) + un bol de cereales integrales con leche (semidesnatada, de avellanas, de almendras, de arroz, de soja, de avena...).
b) A media mañana: un bocadillito de pan multicereales (con queso fresco, atún, tomate, aguacate, anchoas, olivada...) o una fruta o un puñadito de frutos secos con una porción de chocolate negro.
c) Para comer: un plato de ensalada + un plato de legumbres, pasta integral o arroz integral + un vaso de vino tinto + un yogur o un té verde endulzado con sirope de agave (como postre, la fruta dificulta la digestión).
d) Para merendar: una fruta o un yogur de soja.
e) Para cenar: un plato de verdura + pescado, pollo o pavo (una ración del tamaño de una hamburguesa) o un huevo.
f) Antes de acostarte: un yogur.

De este modo tu organismo cubrirá todas sus necesidades diarias (energía, vitaminas, minerales, proteínas, fibra...), no pasarás hambre en ningún momento, te sentirás activ@ toda la jornada y te estarás previniendo contra el cáncer, la diabetes y los accidentes cardiovasculares. Y además, ¡tachán!, adelgazarás. ¡¿Te imaginas?! Haz la prueba y me cuentas qué tal te va...

(Para saber más, si eres de Barcelona, acude a las charlas o los cursos de la nutricionista Iolanda Roma.)

lunes, 11 de enero de 2010

"Fue una Navidad sin estrés"

Sin basura, sin emisiones nocivas, sin electrodomésticos, sin metro o coche, sin plásticos, sin televisión, sin luz, sin papel higiénico. Colin Beavan (1967) salió tan satisfecho de la experiencia en el noveno piso de un edificio de Nueva York que escribió un libro, realizó el documental No Impact Man y creó No Impact Project para animar a la gente a reducir el consumo y contaminar menos para salvar al planeta. Ahora que he apagado la nevera y tengo los yogures al fresco invernal del balcón, esta entrevista de Eva Peruga en El Periódico me viene como anillo al dedo:

¿Cuántas personas serían capaces de imitar su experimento en el 2007 (No Impact Man) de no causar ningún daño al medioambiente?
Hace unas semanas, cerca de 5.000 personas trataron de vivir así durante una semana como un experimento de vida sostenible. Nosotros, en No Impact Project, tenemos un programa que ayuda a la gente a aprender a vivir de forma sostenible. Pero los estadounidenses, en todo el país, están tratando de averiguar lo que pueden hacer, porque están decepcionados debido a que el Gobierno no está haciendo más cosas.

¿Cree que su año de cero contaminación ayudó?
Sí, porque contribuyó a hablar del tema y demostró a la gente que cada individuo cuenta. A veces, las personas quieren ignorar un problema si no sienten que pueden hacer algo al respecto. Mi experiencia demostró a la gente que todo el mundo puede ayudar a pequeña escala, y esto provoca que esté más predispuesta a discutir del problema. Además, tenemos que encontrar una manera mejor de vivir.

¿Qué fue lo más duro ese año?
Lavar la ropa a mano. Esto significa que deberíamos, obviamente, mantener algunas comodidades, pero tenemos que trabajar juntos para forzar a nuestros gobiernos y empresarios a hacer las cosas sostenibles. Necesitamos una economía de energías renovables.

¿Y qué le sorprendió de una vida privada de tantas cosas?
Que mucho de lo que realizamos nos hizo más felices y saludables. El ciclismo nos proporcionó ejercicio. Los alimentos locales nos hicieron que fuéramos más saludables. Apagar el aire acondicionado significó que fuimos más al parque. Deshacernos de la televisión representó que pasamos más tiempo en familia y con los amigos...

En una escena del documental, están usted, su esposa y su hija en la bañera pisando la ropa sucia en remojo. ¿Cómo se las arreglaron sin lavadora?
Lavamos la ropa a mano.

En el documental se les ve pidiendo cubitos a la vecina. ¿Una trampa?
Hay que leer mi libro, No Impact Man, porque el documental que usted vio no se ajusta a lo que hicimos durante ese año. En él, se muestra una escena de algo que hicimos solo un día. Solo pedimos hielo a la vecina en una ocasión.

Ahorraron 2.184 pañales desechables, pero tuvieron que lavar los de tela a mano.
Pero debido a que mi hija, Isabella, utilizaba pañales de tela, pudo notar cuando estaba mojada y empezó a pedir ir al lavabo antes que otros niños. Isabella ya usaba el baño cuando apagamos la electricidad.

Sin comer pescado ni carne porque no consumieron nada producido a más de 200 kilómetros de su casa. Fue un año de verduras.
Consumir alimentos locales producidos por pequeños agricultores en lugar de por grandes compañías significa que la comida se transporta entre distancias más cortas y que el cuidado de la tierra corre a cargo de los mismos agricultores. La producción de carne es una de las que más contribuyen al cambio climático. Además, muchos de los caladeros se agotan y necesitamos que se recuperen.

En aquella Navidad, también descubrieron unas fiestas diferentes.
Hubo villancicos, el tío tocando el piano y los sobrinos corriendo alrededor de mi hija, Isabella, y buena comida. Sin regalos, verás, no tuvimos la sensación que yo, al menos, asociaba con la Navidad: el estrés. Fue una Navidad feliz, llevadera y no consumista.

Podría haber propuesto su experimento en Copenhague.
Encontrar una manera de vivir que sea más feliz y mejor para el individuo y utilizar menos los recursos ambientales tendrán que ser parte de la solución. Una forma de vida basada en el consumo, en la que a nosotros –especialmente a los estadounidenses– se nos dice que tenemos que trabajar muchas horas para comprar más cosas que realmente no necesitamos, no es el camino para la felicidad. Tampoco es el camino para la sostenibilidad. Cambiemos para que podamos tener dos cosas: personas más felices y un planeta también más feliz.

¿Qué mensaje necesitaban oír los líderes reunidos en Copenhague?
Tener el valor de liderar. Las personas de este planeta necesitan auténticos líderes, no políticos de carrera que estén preocupados por su reelección. Tenemos que llegar rápido a las 350 ppm (partículas por millón) de concentración de dióxido de carbono en el aire y necesitamos líderes para conseguirlo.