jueves, 5 de febrero de 2009

El arte de cerrar puertas

“Tenemos una compulsión irracional a mantener las puertas abiertas. Estamos hechos así. Pero eso no significa que no tengamos que intentar cerrarlas. Recordad aquel episodio de Lo que el viento se llevó: Rhett Butler dejando a Escarlata O’Hara, en la escena en que ella se le aferra y le suplica: “¿Qué me pasará? ¿Adónde iré yo?” Rhett, que ha tenido que aguantar demasiadas cosas de Escarlata y que finalmente se ha hartado, le contesta: “Francamente, querida, me importa un rábano”. No es casualidad que esta frase de la versión cinematográfica de la novela de Margaret Mitchell haya sido votada como la más memorable de toda la historia del cine. Es esta manera contundente de cerrar una puerta la que le otorga este atractivo general. Y a todos nos tendría que servir para recordar que tenemos puertas –grandes y pequeñas– que deberíamos saber cerrar.”

Dan Ariely: “Mantener las puertas abiertas”, en Las trampas del deseo. Los impulsos irracionales que influyen en nuestras decisiones cotidianas

¿Perteneces a las redes sociales de Facebook, hi5 y Bloquo? ¿Posees una cuenta de correo en Yahoo, otra en Hotmail y una tercera en Gmail? ¿Practicas yoga, tai chi, baloncesto y natación? ¿Felicitas el cumpleaños a amig@s, conocid@s y saludad@s? ¿Mantienes un coche, una moto, un ciclomotor y una bicicleta? ¿Eres presidente de la escalera, miembro de la asociación de vecinos del barrio y acudes a las reuniones del colegio de licenciados? Si tienes tal tendencia a dispersarte, tranquil@, tu comportamiento es de lo más normal. Adoleces, como casi todo el mundo, de lo que algun@s psicólog@s llaman miedo a la pérdida de oportunidades, te angustia cerrarte puertas por temor a no reabrirlas jamás. Claro que por ello pagas un alto precio, ¿eres consciente, verdad? ¿Cómo andas de deudas? ¿Te sobra mucho tiempo libre? Y de agotamiento físico y mental, ¿qué tal? “Quien mucho abarca, poco aprieta”. Imita por un instante ese hábito tan típico de las Personas Altamente Sensibles y párate a reflexionar: ¿merece la pena mantener tantas puertas de par en par?

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