domingo, 18 de enero de 2009

Bienvenid@s al centro comercial

“El pasillo mecánico llegó al final de su viaje, que era el corazón de Metro-Centre. Estábamos ahora en el atrio central, un vestíbulo circular donde los compradores buscaban las escaleras mecánicas que los llevarían a las plantas superiores. Un aura difusa llenaba el espacio perfumado, pero de vez en cuando me llamaba la atención el rayo de un foco oculto. Sentía que estaba en el escenario de un inmenso teatro de ópera, rodeado por plateas y plateas llenas de espectadores. Todo parecía escenificado, cada gesto y cada pensamiento. La geometría cerrada del Metro-Centre proyectaba sobre cada comprador una intensa conciencia de sí mismo, como si fuéramos extras en el drama musical en que se había convertido el mundo.”

J. G. Ballard: Bienvenidos a Metro-Centre (¿Puede el consumismo desembocar en el fascismo?), Minotauro, Barcelona, 2008, pág. 51.

Dicen los partidarios de los grandes centros comerciales que no hay mejores lugares para comprar, a la fresca del aire acondicionado en verano y al calorcito de la calefacción en invierno. Que todo está a mano, que hay productos de toda clase y que abundan las ofertas. Que se puede pasear plácidamente, en un entorno limpio y cuidado, sin preocuparse de peligros tales como raterillos urbanos o automovilistas desbocados.

Opinan sus detractores que en los centros comerciales, a menudo tan lejos de todo, no hay vida más allá de la actividad de los propios visitantes, que llegan disciplinadamente en sus coches y se marchan antes de cerrar. Que fomentan el consumismo, esa nueva religión de sant@s de estampa eternamente joven y cuyo dios supremo es la ostentación. Que nos encuadran, nos uniformizan, nos imponen estilos de vida anodinos y gustos adocenados. Que son gigantes que ocupan enormes superficies de terreno, consumen cantidades ingentes de energía y generan miles de toneladas de residuos. Que arruinan al pequeño comercio tradicional con su competencia desleal y, a cambio, sólo crean empleo precario y mal pagado. Que imponen precios de ruina y condiciones de entrega draconianas a los sufridos proveedores. Y mientras dicen un@s y opinan otr@s, a nosotr@s nos corresponde escoger...

(Para saber más: Xavier Montagut i Esther Vivas (coords.): Supermercados, no gracias. Grandes cadenas de distribución: impactos y alternativas, Editorial Icaria, Barcelona, 2007 + clic).

5 comentarios:

Kayele dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Kayele dijo...

No me xplico muy bien el por qué, pero las pocas veces que cometo la imprudencia de meterme en un centro comercial, me estreso rápidamente, me pongo de mal humor y se me agría el caracter.

¿Será ese ambiente aséptico en el que todo me resulta ilusorio? ¿Será esa sensación de supuesta "facilidad" e inmediatez? ¿Será alergia?

Psicólogo aficionado dijo...

Será que te agobian las multitudes. Eso les pasa a las personas altamente sensibles.

Haz clic y mira si tus respuestas son afirmativas...

Kayele dijo...

La verdad es que mis respuestas son altamente afirmativas... (19/22)

pero tampoco me considero un bicho raro insociable, ni introvertida, ni insegura... ni cobarde... tal como exponen que es la persona altamente sensible; no me identifico con el perfil.

Creo que lo que me aturulla de un centro comercial puede ser la avalancha de estímulos visuales, auditivos, odoríferos... el exceso de señales del ambiente podría hacer que el subconsciente (que al fin y al cabo es el que hace la parte gruesa del trabajo de percepción) se sature y se ofusque.

No sé...

Calixto, Sánchez,Fernández. dijo...

Hola! A mi lo que me desagrada es que se hayan convertido en punto clave de encuentro familiar…paseo y compras al mismo tiempo en sitios asquerosamente desplazados a pesar de que ya se cuentan por muchísimos …vas por la carretera y dices joer..Otro cacharro de estos aquí?? Multinacionaliceros en fin y lo que más me duele es que hay centro donde aunque le cuiden los crios a uno y se distraiga tomando un café de 5 horas sentado con toda la murga..los crios tirando de los pelos a los pobres figurantes que curran al menos de eso de figurantes de esos teatros enormes..Siendo malabaristas de profesión cente y decente...se tiren creciendo los domingos como en una jaula enorme..con lo que seria pasear por sitios curiosos sencillez de relajación..e incluso si hay que comprar hasta ver sitios típicos donde se fabrica tal jersey por que en ese barrio se hacían productos de tal o cual fornitura… ya hablamos de utopías..
Bueno un saludo!
Calix.