martes, 22 de diciembre de 2009

Economía social

Sostenía Adam Smith, economista escocés del Dieciocho, que una “mano invisible” guía a los agentes que participan en el sistema capitalista para satifacer sus propios intereses, de manera que al final siempre se alcanza el mayor bienestar social posible. Salta a la vista, en cambio, y más en tiempos de crisis como los que corren, que el mercado laboral excluye con un fino cedazo darwinista a tod@s aquell@s que no son productiv@s al cien por cien o que resultan “sospechos@s” (quienes trabajan más despacio, padecen alguna discapacidad, han sufrido drogadicción, han estado en prisión, carecen de domicilio fijo, etc.).

L@s teóric@s de una economía social y solidaria nos recuerdan que nadie debería quedar marginad@ del derecho al trabajo por el hecho de no ser “la persona más capaz”. Las empresas de inserción laboral contratan precisamente a l@s más débiles con el objetivo de incorporarl@s al mundo laboral en pie de igualdad, como ciudadan@s de pleno derecho. Una de estas empresas, Engrunes (‘migajas’, en catalán), se dedica a recoger enseres que la gente ya no quiere para restaurarlos y revenderlos. Con ello, además de librar a los vertederos de muchas toneladas de residuos, da trabajo a unas doscientas personas.

Puedes colaborar con ell@s cediéndoles muebles, electrodomésticos y ropa que no uses (vienen a recogértelo a casa) o bien comprando en alguna de sus tiendas de Moda Amiga (hay tres en Barcelona –Sant Màrius, 53; Mallorca, 467, y Gran Via, 851– y una en Sant Cugat –Anselm Clavé, 14–).

(Si te interesa conocer algunas empresas catalanas de inserción laboral, no dejes de visitar los sitios web de Engrunes, Anem per feina -foto superior-, La Fageda, Mescladís, Mas Albornà, Ravaltext, Apip, L'OliveraFundació Futur.)

sábado, 24 de octubre de 2009

El catalizador Eco-car

Son muchos los automovilistas que esperan la llegada al mercado de coches realmente ecológicos, y al alcance del bolsillo, para poder conducir cada día con la conciencia algo más tranquila. Los coches híbridos son hoy por hoy demasiado caros, los vehículos eléctricos no ofrecen todavía prestaciones comparables a los convencionales y los motores de hidrógeno no han pasado de ser una promesa de futuro.

Aunque no existe una opción de transporte con emisión cero (a menos que te traslades siempre a fuerza de piernas, caminando o en bicicleta, lo cual no es realista para la mayoría de la población), diversas iniciativas tratan de acercarse lo más posible a este objetivo ideal. La empresa catalana Ecocat, por ejemplo, ha ideado un catalizador para vehículos de motor de explosión que reduce en un 15 por ciento el consumo de combustible y en un 80 por ciento las emisiones de dióxido de carbono. Este mecanismo se instala fácilmente en la manguera que une el depósito de combustible con la bomba de inyección. Tiene un coste de unos 200 euros, que se pueden amortizar en poco tiempo gracias a la mejora del rendimiento del motor. En un contexto global en que el cambio climático es ya una prioridad para casi tod@s, sin duda se trata de una excelente noticia. Para saber más, no te pierdas este interesante vídeo: clic.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Xixi no banho

¿Es antihigiénico evacuar la vejiga mientras un@ se está duchando? Mercedes Milà, la conocida presentadora de la versión española del programa Gran Hermano, opinó en su día contra viento y marea que no. Ahora, un grupo ecologista brasileño le da la razón al recordarnos que la orina se compone de agua en un 95%. Según ell@s, si incorporáramos tal hábito a nuestras costumbres ahorraríamos millones de litros de agua limpia (unos 4.830 litros por persona y año). Lo lograríamos mucho mejor, añado yo, si en cada casa hubiera un mecanismo para rellenar las cisternas de los váteres con el agua de los últimos aclarados de cada colada. Pero como, al fin y al cabo, de lo que se trata es de ahorrar agua, cualquier idea es bienvenida... (No dejéis de visitar la web xixinobanho.org.br. Es bien curiosa.)

jueves, 13 de agosto de 2009

Intercambiar tiempo

Teodoro es un avezado fontanero. Además, es un goloso empedernido que siente pasión por el chocolate. Cándida es muy hábil en la cocina. Antes de jubilarse tenía una pastelería. Amb@s son miembros del banco del tiempo del barrio. Un buen día, Teodoro acude gustoso a casa de Cándida para desatascar una cañería. No le cobra nada, pero se marcha con una fantástica tarta Sacher bajo el brazo. L@s d@s content@s y todavía más amig@s.

En los bancos del tiempo se intercambian conocimientos o servicios por tiempo, jamás por dinero, y lo que es más importante, se fomentan la solidaridad y el sentido de pertenencia a un grupo de personas de confianza.

El banco de mi barrio, por ejemplo, ofrece enseñar a quien lo necesite informática, idiomas, joyería, estiramientos, danza, yoga, técnicas de masaje, habilidades para buscar trabajo, etc. Voy a ver qué puedo ofrecer yo...

¿Y tú, ya sabes dónde está tu banco del tiempo más cercano? ¿Estarías dispuest@ a entrar en esta red de intercambios solidarios? (Para saber más, clica.)

domingo, 28 de junio de 2009

El destino es lo de menos

«Los viajeros con experiencia han descubierto que lo que convierte a un viaje en algo memorable no son los lugares que visitan, sino las personas con las que entran en un estrecho contacto. Una mujer que ha dado varias veces la vuelta al mundo nos comenta la estrategia que ella ha desarrollado:

“Cuando viajo siempre intento aprender algo sobre el país o el lugar que visito. Es algo educativo aprender cosas nuevas sobre la geografía, los recursos, el arte, la historia, las costumbres y la cultura. Pero también están en el proceso, las relaciones y las interacciones que se producen con los demás. Es esto último lo que considero mucho más significativo y memorable.

Podría ir al lugar más fantástico y mágico del mundo o visitar siete museos y once iglesias, pero todo esto no sería, ni de lejos, tan interesante para mí si no lograse hacer amigos que actuasen a modo de guía para introducirme en su mundo.

Por eso me gusta tanto ir a mercados, porque son los lugares idóneos para establecer relaciones. Tanto si hablo la lengua del lugar, como si no la hablo, eso no importa porque nos podemos comunicar por medio de gestos, de los ojos o de la sonrisa. Hay tantas caras que todavía recuerdo de adultos, pero sobre todo de niños de Birmania, Sudáfrica, Tailandia y Nueva Guinea o Cachemira. Por eso siempre llevo conmigo golosinas y una Polaroid, así les puedo hacer a los niños una foto y regalársela.

Ni tan siquiera puedo señalar una determinada experiencia como la más especial, porque hay tantas. Y lo que todas tienen en común es que logramos contactar con personas. Nos invitaron a sus hogares. Conocimos a sus familias. Intercambiamos regalos. Se formó como una unión y todos nosotros la sentíamos. Volví enriquecida y emocionada y conmovida por haber podido conocer a esas personas.

Una vez he podido ver cómo viven otras culturas, tomé algo de ellas y lo incorporé a mi propia vida. […]

Me siento tan llena de experiencias. Hay tantas personas a las que he conocido a lo largo de mi camino. Y me siento agradecida por cada una de ellas. Me siento conmocionada.”

Lo que nos describe esa mujer es una forma de viajar que se basa no en dónde está sino en quién es. Nos describe una forma de viajar que está marcada por las relaciones con las personas y no con los lugares. Los lugares pueden ser importantes, pero no son ni mucho menos tan importantes como mucha gente piensa, si lo que se está intentando es realizar un cambio personal.»

Jeffrey A. Kottler, Viajar como experiencia transformadora, Paidós, 1998, pág. 133-134.


¿Y todavía no tienes un perfil en Localyte, Servas u Hospitality Club?

viernes, 1 de mayo de 2009

El banquero de los pobres

En 1974, Bangladesh padeció una terrible hambruna. Muhammad Yunus, profesor universitario de Economía, vio morir de hambre por las calles a miles de sus conciudadan@s. Para poder subsistir, much@s de los que no perdieron la vida se vieron obligados a pedir dinero a prestamistas que les exigían intereses abusivos. Yunus se escandalizó al ver cómo una campesina tomaba prestado menos de un dólar a condición de que el prestamista se quedase con el derecho en exclusiva a comprar todo lo que ella produjera al precio que él decidiera. De la indignación ante semejante forma de esclavitud nació en 1983 el Grameen Bank.

El Grameen Bank presta hoy pequeñas sumas de dinero a personas pobres que necesitan comprar semillas o animales de granja, iniciar un negocio, construir una casa... A pesar de que no se les exigen avales, estas personas pagan y resarcen los préstamos puntualmente en el 99% de los casos. La idea del microcrédito ha sido exportada a otros muchos países del Tercer Mundo y también al mundo rico, incluidos los mismísimos Estados Unidos, en un caso de transferencia de sabiduría del mundo “pobre” al “rico” que constituye una sonora bofetada en la cara de nuestro trasnochado paternalismo occidental.

Observa la cabecera de este blog. Hablamos de ideas sencillas para una vida solidaria. ¿Quieres una?: financia a un emprendedor sin recursos. Hay mil maneras. A mí me han llamado la atención Hazlo posibleKiva y Babyloan, proyectos que tienden puentes a través de Internet entre quienes tienen capital y quienes lo necesitan. No estarás dando caridad. Estarás ayudando a hacer viable un pequeño negocio mediante un micropréstamo que se te devolverá. ¡Manos a la obra!

(Para saber más sobre este tema, no te pierdas el libro de Muhammad Yunus, El banquero de los pobres. Los microcréditos y la batalla contra la pobreza en el mundo, Paidós, Barcelona, 2008.)

lunes, 13 de abril de 2009

Venecia Lonis

Tiene nombre de artista y un cuerpecito desnutrido, famélico. Nació en Haití y en sus cuatro años no ha conocido ninguna alegría, sólo hambre y enfermedad.

Si sólo nos fijáramos en la sombra de la niña, pensaríamos que se trata de una marioneta colgada de una percha, a la espera de la próxima actuación. La sombra del artilugio de madera del que parece suspendida evoca, sin embargo, las formas de una horca. En realidad no es una marioneta, ni una ahorcada; se trata de una cría de cuatro años severamente desnutrida que está siendo pesada en un hospital de Puerto Príncipe (Haití). Separada unos centímetros del suelo, eleva los brazos como un pájaro enfermo levantaría un par de alas inhábiles, mientras observa con un temor neutral al equipo médico. Llama la atención el lazo amarillo que lleva en la cabeza: un signo de coquetería extraño en una situación desesperada.

Y algo de marioneta tiene, pues quién me dice a mí que no la he sacado del armario (o del archivo) para cubrir mi cuota anual de artículos sobre el hambre en el mundo. No digo que se trate de una cuota consciente, pero si hago cálculos resulta que escribo dos o tres al año, con cierta regularidad, al modo del que administra otras tantas dosis periódicas de mala conciencia. Y también tiene algo de ahorcada, pues su vida pende de un hilo a punto de romperse. La niña se llamaba (quizá se llame todavía, la foto es de noviembre de 2008) Venecia Lonis, un nombre con el que habría hecho fortuna en cualquier sitio. Vienes al mundo con ese nombre en Nueva York, en Londres o en Berlín y tienes hecha media carrera de escritora, de arquitecta, de jefa de protocolo o de poeta maldita. Pero en Haití te llamas Venecia Lonis y como si lloviera. Perra vida.

(Juan José Millás, El País Semanal, 29 de marzo de 2009. Fotografía de Ramón Espinosa)

Ante realidades como esta, no vale mirar para otro lado. "Que cada palo aguante su vela".

domingo, 1 de marzo de 2009

“Si hay que discutir se discute,

«En su libro sobre el poder transformador que posee la cercanía de la muerte [Existential Psychotherapy, Nueva York, Basic Books, 1977], Irvin Yalom, un eminente psiquiatra de la Universidad de Stanford, cita una carta escrita por un senador poco después de que le diagnosticaran un cáncer muy grave, a comienzos de los años setenta.

“Se produjo en mí un cambio que creo es irreversible. De repente dejaron de tener importancia cuestiones relacionadas con el prestigio, el éxito político, el nivel económico. Durante las horas inmediatamente posteriores a que me dijeran que tenía cáncer no pensé ni por un momento en mi escaño en el Senado, ni en mi cuenta bancaria ni en el destino del mundo libre... Desde que me diagnosticaron la enfermedad, mi mujer y yo no hemos vuelto a tener una discusión. Antes la reñía por apretar el tubo de pasta de dientes por la parte de arriba en lugar de por abajo, o por no ocuparse satisfactoriamente de saciar mi exigente apetito, o por elaborar listas de invitados sin consultarme previamente, o por gastar demasiado en ropa. Hoy ni me fijo en esas cosas, o me parecen irrelevantes [...]. Las ha sustituido una nueva percepción de todo aquello que antes daba por hecho: salir a comer con un amigo, acariciarle las orejas a Muffet y escuchar su ronroneo, contar con la compañía de mi mujer, leer un libro o una revista bajo el sereno cono de luz de la lámpara de mi mesilla de noche, asaltar la nevera por un vaso de zumo de naranja o un trozo de pastel de moca. Creo que por primera vez estoy realmente saboreando la vida. Me doy cuenta finalmente de que no soy inmortal. Me estremezco de pensar en todas las ocasiones en que malgasté mi propio ser, aun encontrándome en plena forma física, por orgullo mal entendido, por valores equivocados o por afrentas imaginarias.”»

David Servan-Schreiber, Anti Cáncer. Una nueva forma de vida, Espasa Calpe, Madrid, 2008, pág. 47-48.

... pero discutir para nada es tontería.”

sábado, 21 de febrero de 2009

Diógenes de Sinope

El filósofo cínico Diógenes de Sinope (412-323 a. de C.), alias el perro, ha pasado a la historia como un personaje excéntrico y genial. Se le atribuyen múltiples anécdotas, a cual más pintoresca.

Se dice que, hallándose tomando el sol dentro del tonel donde vivía, se le acercó Alejandro el Grande, que estaba de paso con sus tropas por Atenas y que había oído hablar de él. “Pídeme lo que quieras, que te lo concederé” –le ofreció Alejandro–. “Apártate, que me tapas el sol...” Touché!

En otra ocasión, Diógenes, que a menudo rebuscaba comida en las basuras, estaba lavando una hoja de lechuga en una fuente pública. Platón, que pasaba por allí y no lo podía ver ni en pintura, aprovechó para soltarle un dardo: “¡Si estuvieras en la corte adulando al tirano Dionisos, no tendrías necesidad de lavar lechugas!”. A lo cual replicó Diógenes: “¡Si lavaras lechugas, no tendrías por qué adular al tirano!”. Directo a la línea de flotación.

También se cuenta de él que murió voluntariamente conteniendo la respiración. Genio y figura, hasta la sepultura. Tras una vida en libertad, al margen de obligaciones que se le antojaban ridículas, burlándose del poder, de la riqueza y de todas las convenciones sociales, moría como había vivido, dueño de sí mismo.

Diógenes me ha venido a la mente porque hace unos días el diario 20 minutos dedicó este artículo a un “cínico” moderno que vive con tres euros al día: clic. Espero que lo disfrutes. (Ah, por cierto, ¿tú qué opinas de Joaquim Torres, te parece un loco o un cuerdo, un sabio o un necio?)

Y para concluir, unas cuantas frases célebres de Diógenes:
“Ojalá pudiéramos saciar nuestra hambre restregándonos el estómago” (tras masturbarse en el ágora, a la vista de tod@s).
“Todas las cosas son propiedad del sabio” (mientras trataba de justificar el robo).
“Soy conductor de hombres” (en respuesta a la pregunta “¿Cuál es tu profesión?”).
“Ni siquiera esto me hace falta” (al deshacerse de su cuenco, una de sus escasas pertenencias, tras observar cómo un niño bebía con sus manos de una fuente).
“Busco un hombre honesto” (mientras recorría las calles a plena luz del día con su lámpara encendida).
“Es lo que he hecho toda mi vida” (al hombre que le espetó “¿No ves que vas al revés?” cuando todos salían del teatro y Diógenes entraba a empujones).
“No he encontrado un sitio más sucio” (tras escupirle en la cara al amo de una lujosa casa donde le habían advertido que no manchase el suelo).

lunes, 9 de febrero de 2009

De problemas y contratiempos

«Ésta es una dramática historia que probablemente recordaré mientras viva. Me la contó Robert Moore, de Maplewood, New Jersey.

“Aprendí la mayor lección de mi vida en marzo de 1945 –dijo–. La aprendí a cien metros bajo el agua frente a la costa de Indochina. Yo era uno de los ochenta y ocho tripulantes del submarino Baya SS 318. Habíamos descubierto en el radar que se acercaba un pequeño convoy japonés. Próximo ya el amanecer nos sumergimos para atacar. Por el periscopio vi un destructor, un petrolero y un minador. Disparamos tres torpedos contra el destructor, pero fallamos. Algo se torció en el mecanismo de cada uno de los torpedos. El destructor, sin saber que había sido atacado, siguió su camino. Nos disponíamos a atacar al último barco, el minador, cuando éste cambió bruscamente de rumbo y vino directamente a por nosotros. [...] Descendimos a cincuenta metros, para evitar la detección y nos preparamos para una carga de profundidad. [...]

Tres minutos después, se desataron todas las furias del infierno. Seis cargas de profundidad hicieron explosión a nuestro alrededor y nos empujaron al fondo del océano, a una profundidad de unos cien metros. Estábamos aterrados. Ser atacados en menos de trescientos metros de profundidad es peligroso, menos de ciento cincuenta es casi fatal. Y nos estaban atacando a menos de cien metros [...]. Durante quince horas, el minador japonés estuvo arrojando cargas de profundidad. Si una carga hace explosión a cinco metros de un submarino, la sacudida abrirá un agujero en éste. Fueron docenas las cargas que explotaron a quince metros de nosotros. Nos ordenaron quedarnos echados en nuestras literas y en silencio y permanecer tranquilos. Yo sentía tanto pánico que apenas podía respirar. Me decía una y otra vez: ‘Esto es la muerte... Esto es la muerte... Esto es la muerte...’. Con los ventiladores y el sistema de refrigeración desconectados, el aire dentro del submarino subió hasta casi 40°, pero yo estaba tan helado de miedo que me puse un jersey y una chaqueta forrada de piel y seguía temblando de frío. Los dientes me castañeteaban y me invadió un sudor frío y pegajoso. El ataque duró quince horas. Luego cesó de repente. Al parecer el minador se quedó sin cargas de profundidad y se marchó. Aquellas quince horas de ataque me parecieron quince millones de años. Toda mi vida desfiló ante mí. Recordé todas las cosas malas que había hecho, todas las cosas absurdas que me habían preocupado. Antes de incorporarme a la Marina era empleado de banco. Me preocupaban las largas horas de trabajo, la escasa paga, las escasas perspectivas de ascenso. Me preocupaba no tener casa propia, no poder comprarme un nuevo coche, no poder comprarle a mi mujer ropa bonita. ¡Cómo odiaba a mi viejo jefe, que siempre me estaba regañando y reprendiendo! Recordé cómo llegaba a casa resentido y malhumorado, y me peleaba con mi esposa por nimiedades. Me preocupaba una cicatriz que tenía en la frente, un feo corte que me había hecho en un accidente de coche.

¡Qué grandes me habían parecido todas aquellas preocupaciones! Pero, ¡qué absurdas me parecían cuando las cargas de profundidad amenazaban con enviarme al otro mundo! En aquel momento me prometí que, si volvía a ver el sol y las estrellas, no volvería nunca a preocuparme. ¡Nunca! ¡Nunca! ¡Nunca! Aprendí más del arte de vivir en aquellas terribles quince horas en el submarino que de los libros durante mis cuatro años en la Universidad de Siracusa.”»

Dale Carnegie: Cómo suprimir las preocupaciones y disfrutar de la vida, Edhasa, Barcelona, 1999, pág. 81-83.

Ejercicio práctico: elabora tu propia definición de problema, carencia, inconveniente y contratiempo. Asegúrate bien de no confundir unos términos con otros. Una vez hecho esto, encárgate de disfrutar del día.

viernes, 6 de febrero de 2009

Anticáncer

A David Servan-Schreiber, un prometedor y ambicioso psiquiatra, le fue diagnosticado un tumor cerebral a la edad de 31 años. Por suerte, lo superó. Años más tarde, lamentablemente, aquel cáncer se reprodujo. Si duro había sido aquel primer trago, el segundo fue terrible. Tras salir de nuevo bien parado, David se cuestionó muchas cosas. ¿Por qué él había resistido y otros no? ¿Por qué el cáncer alcanza en los países occidentales dimensiones de epidemia? ¿Por qué en países como la India o el Japón el número de casos es significativamente menor? Tras años de investigación, tras leer con pasión todo lo publicado sobre el tema, tras hablar con docenas de pacientes y colegas médicos, hoy nos ofrece sus conclusiones en Anti Cáncer.

En su libro, Servan-Schreiber nos da ciertos consejos clave:

a) Prescindir desde hoy mismo del tabaco, de los productos domésticos contaminantes y de los alimentos que, según todos los indicios, fomentan la aparición de la enfermedad: el azúcar refinado, la harina blanca, el arroz blanco, la carne de ganadería industrial y los aceites vegetales (salvo el de oliva, claro). Usar el sirope de agave o el sirope de stevia para endulzar; pasarse al pan, el arroz y la pasta integrales, y preferir los huevos de granja o el pescado como fuente de proteínas.

b) Introducir en nuestra dieta diaria alimentos cuyo poder antioxidante combate activamente los tumores: té verde, soja, jengibre, cúrcuma, coles, tomates, ajo, cebolla, setas, algas, hierbas aromáticas, frutas rojas, cítricos, uva, chocolate negro...

c) Controlar el estrés mediante yoga, ejercicios de respiración, meditación o deporte, y cultivar estados emocionales en que predominen la alegría y los sentimientos de conexión con quienes nos rodean. Está más que demostrado que todo ello fortalece las defensas naturales del organismo.

Anti Cáncer ha alcanzado la categoría de best seller mundial. Bien merecidamente, a mi entender. Es posible que tras leerlo tengas el coraje de dar un golpe de timón en pos de un estilo de vida más saludable. Desde luego, argumentos no te van a faltar. (Para saber más sobre la prevención del cáncer, busca en la red las entrevistas de La Contra de La Vanguardia a Odile Fernández, por el periodista Víctor Amela, y a Christopher Wild, por Lluís Amiguet.)

jueves, 5 de febrero de 2009

El arte de cerrar puertas

“Tenemos una compulsión irracional a mantener las puertas abiertas. Estamos hechos así. Pero eso no significa que no tengamos que intentar cerrarlas. Recordad aquel episodio de Lo que el viento se llevó: Rhett Butler dejando a Escarlata O’Hara, en la escena en que ella se le aferra y le suplica: “¿Qué me pasará? ¿Adónde iré yo?” Rhett, que ha tenido que aguantar demasiadas cosas de Escarlata y que finalmente se ha hartado, le contesta: “Francamente, querida, me importa un rábano”. No es casualidad que esta frase de la versión cinematográfica de la novela de Margaret Mitchell haya sido votada como la más memorable de toda la historia del cine. Es esta manera contundente de cerrar una puerta la que le otorga este atractivo general. Y a todos nos tendría que servir para recordar que tenemos puertas –grandes y pequeñas– que deberíamos saber cerrar.”

Dan Ariely: “Mantener las puertas abiertas”, en Las trampas del deseo. Los impulsos irracionales que influyen en nuestras decisiones cotidianas

¿Perteneces a las redes sociales de Facebook, hi5 y Bloquo? ¿Posees una cuenta de correo en Yahoo, otra en Hotmail y una tercera en Gmail? ¿Practicas yoga, tai chi, baloncesto y natación? ¿Felicitas el cumpleaños a amig@s, conocid@s y saludad@s? ¿Mantienes un coche, una moto, un ciclomotor y una bicicleta? ¿Eres presidente de la escalera, miembro de la asociación de vecinos del barrio y acudes a las reuniones del colegio de licenciados? Si tienes tal tendencia a dispersarte, tranquil@, tu comportamiento es de lo más normal. Adoleces, como casi todo el mundo, de lo que algun@s psicólog@s llaman miedo a la pérdida de oportunidades, te angustia cerrarte puertas por temor a no reabrirlas jamás. Claro que por ello pagas un alto precio, ¿eres consciente, verdad? ¿Cómo andas de deudas? ¿Te sobra mucho tiempo libre? Y de agotamiento físico y mental, ¿qué tal? “Quien mucho abarca, poco aprieta”. Imita por un instante ese hábito tan típico de las Personas Altamente Sensibles y párate a reflexionar: ¿merece la pena mantener tantas puertas de par en par?

domingo, 1 de febrero de 2009

Pensamientos irracionales

Desde niñ@s, tod@s tenemos bien arraigadas una serie de convicciones que condicionan nuestras relaciones con los demás. Hace más de medio siglo, el psicólogo Albert Ellis delimitó diez de las más frecuentes, a saber:

1. Es necesario para una persona ser querida y aceptada por todo el mundo.
2. Uno tiene que ser muy competente y saber resolverlo todo si quiere considerarse necesario y útil.
3. Hay gente mala y despreciable que debe recibir su merecido.
4. Es horrible que las cosas no salgan como a uno le gustaría.
5. La desgracia humana es debida a causas externas y la gente no tiene ninguna o muy pocas posibilidades de controlar sus disgustos o trastornos.
6. Si algo puede ser peligroso o atemorizante, hay que preocuparse mucho al respecto y recrearse constantemente en la posibilidad que ocurra.
7. Es más fácil evitar que hacer frente a algunas dificultades o responsabilidades personales.
8. Siempre se necesita de alguien más fuerte que un@ mism@ en quien poder confiar.
9. Los sucesos pasados determinan la conducta presente, porque si algo nos afectó mucho, continuará afectándonos indefinidamente.
10. Un@ debe de estar permanentemente preocupado por los problemas de los demás.

Se trata de creencias irracionales, que no responden a una lógica ni son objetivas, pero que nos asaltan constantemente en forma de pensamientos automáticos. Alerta con ellas, ¡no dejes que te amarguen la vida!

(Para saber más: Olga Castanyer: La asertividad, Editorial Desclée de Brouwer, Bilbao, 1996).

domingo, 18 de enero de 2009

Bienvenid@s al centro comercial

“El pasillo mecánico llegó al final de su viaje, que era el corazón de Metro-Centre. Estábamos ahora en el atrio central, un vestíbulo circular donde los compradores buscaban las escaleras mecánicas que los llevarían a las plantas superiores. Un aura difusa llenaba el espacio perfumado, pero de vez en cuando me llamaba la atención el rayo de un foco oculto. Sentía que estaba en el escenario de un inmenso teatro de ópera, rodeado por plateas y plateas llenas de espectadores. Todo parecía escenificado, cada gesto y cada pensamiento. La geometría cerrada del Metro-Centre proyectaba sobre cada comprador una intensa conciencia de sí mismo, como si fuéramos extras en el drama musical en que se había convertido el mundo.”

J. G. Ballard: Bienvenidos a Metro-Centre (¿Puede el consumismo desembocar en el fascismo?), Minotauro, Barcelona, 2008, pág. 51.

Dicen los partidarios de los grandes centros comerciales que no hay mejores lugares para comprar, a la fresca del aire acondicionado en verano y al calorcito de la calefacción en invierno. Que todo está a mano, que hay productos de toda clase y que abundan las ofertas. Que se puede pasear plácidamente, en un entorno limpio y cuidado, sin preocuparse de peligros tales como raterillos urbanos o automovilistas desbocados.

Opinan sus detractores que en los centros comerciales, a menudo tan lejos de todo, no hay vida más allá de la actividad de los propios visitantes, que llegan disciplinadamente en sus coches y se marchan antes de cerrar. Que fomentan el consumismo, esa nueva religión de sant@s de estampa eternamente joven y cuyo dios supremo es la ostentación. Que nos encuadran, nos uniformizan, nos imponen estilos de vida anodinos y gustos adocenados. Que son gigantes que ocupan enormes superficies de terreno, consumen cantidades ingentes de energía y generan miles de toneladas de residuos. Que arruinan al pequeño comercio tradicional con su competencia desleal y, a cambio, sólo crean empleo precario y mal pagado. Que imponen precios de ruina y condiciones de entrega draconianas a los sufridos proveedores. Y mientras dicen un@s y opinan otr@s, a nosotr@s nos corresponde escoger...

(Para saber más: Xavier Montagut i Esther Vivas (coords.): Supermercados, no gracias. Grandes cadenas de distribución: impactos y alternativas, Editorial Icaria, Barcelona, 2007 + clic).

jueves, 1 de enero de 2009

Pequeños propósitos de año nuevo

Eugénie Harvey es la fundadora, junto con David Robinson, del movimiento We Are What We Do (Somos lo que Hacemos), una comunidad de idealistas que aspiran a mejorar el mundo introduciendo pequeños cambios en su vida cotidiana. El pasado 22 de diciembre, Víctor M. Amela la entrevistó en La Contra de La Vanguardia:

Tengo 40 años. Nací en Sydney y vivo en Londres. He sido ejecutiva de grandes empresas. Estoy casada y tengo una hija, Clara (7). Soy de izquierda moderada. Creo en la gente que actúa pensando en los demás. Creo que podemos cambiarlo todo mediante pequeñas acciones.

¿De verdad podemos cambiar el mundo?
¡Sí!

A peor, claro.
Eso ya lo sabemos. Pero lo que hay que saber es que también podemos cambiarlo a mejor.

¿Sí?
¡Sí! Tú y yo podemos cambiar el mundo: ¡vamos a hacerlo, va!

¿Qué tengo que hacer?
Ya lo dijo Gandhi: “Sé tú el cambio que quieres para el mundo”. Al cabo del día haces un montón de pequeñas acciones: sumadas las tuyas a las de todos, ¡cambiarán el mundo! Y ese es el lema del movimiento que he cofundado, We Are What We Do (Somos lo que Hacemos): “Pequeñas acciones x mucha gente = grandes cambios”.

¿Qué tipo de pequeñas acciones?
Hemos editado un libro con 50 acciones pequeñas, Vamos a cambiar el mundo (Leqtor). Son las 50 acciones más sugeridas por unas 3.000 personas que, respondiendo a nuestra petición publicada en The Guardian, nos las enviaron por e-mail y correo.

¿Cuál fue la más sugerida?
Sonríe.

¿Eh?
Sí, la acción más sugerida fue esta: “Sonríe y devuelve las sonrisas”. ¿Es muy difícil? No: para sonreír empleas la mitad de músculos que para fruncir el ceño.

¿Qué pequeña acción le gusta más?
“Pasa un rato con alguien de otra generación”. Eso enriquece a todos. ¡Que los niños enseñen a sus abuelos a enviarles un e-mail!

¿Qué acción ve más divertida?
“Báñate con alguien que te guste”. ¿No es un excitante modo de economizar agua?

¡Cuando usted quiera! ¿Podemos divertirnos y a la vez mejorar el mundo?
“Aprende un buen chiste”. ¡Pequeña acción muy benéfica! Reír tonifica el estómago, reduce la presión sanguínea y refuerza el sistema inmunológico. ¡Harás que el mundo sea más saludable! La felicidad se contagia.

¿Y qué acción le parece la más difícil?
“Vive el momento”. ¡Estamos siempre pensando en tantas cosas...! Aunque en España quizá os cueste más otra: “Cede el paso al menos a un coche en cada trayecto”.

Je, je..., “touché”.
Otra que nos cuesta: “Escucha a alguien que lo necesite”. ¡Puede ayudar muchísimo!

Pero todos esperamos que sean los demás quienes nos escuchen a nosotros...
Pues ya toca que todos empecemos a escuchar: así seguro que alguien nos escuchará.

¿Qué pequeña acción es la que mejor asume la gente?
”Cierra el grifo del agua mientras te cepillas los dientes”, por lo que vemos. ¡Se ahorran 26.000 litros de agua al año por familia!

Y es sencillo.
La mayoría nos decimos: “Poca cosa puedo hacer yo por mejorar el mundo”. ¡Mentira! Es una excusa para no hacer nada. Mira, otra cosa que puedes hacer ya: “Rechaza las bolsas de plástico siempre que puedas”.

¿En qué medida beneficio al mundo haciendo esto?
Una bolsa de plástico tarda 500 años en descomponerse en los vertederos. Cada español usa 238 bolsas de plástico al año: ¡son 10.500 millones de bolsas! Usa una bolsa de tela, que además es mucho más distinguido.

¿Hay más pequeñas acciones medioambientales?
Sí, algunas muy obvias: “Apaga las luces innecesarias”. “Cambia una bombilla incandescente por una de bajo consumo”. “Desenchufa el cargador del móvil si no está cargando”. “Apaga de verdad los electrodomésticos”. “Planta algo con un niño”...

Esto ya lo he hecho.
“Tira el chicle a la papelera”.

Ejem...
“Baja el termostato un grado”: ¡te ahorrarás un 15% de dinero! “Recicla tu ordenador”. “Recicla tu móvil”. “Recicla tus gafas”…

No sabía que podíamos reciclar gafas.
Tenemos gafas viejas por casa que no utilizamos, mientras que cada año doscientos millones de personas en el mundo necesitan gafas: entra en opticsxmon.upc.edu.

¿Hay otras pequeñas acciones que no sean tan materiales como estas?
Sí: “Respira hondo”. Inspira, retén el aire unos segundos, espira.

Ah, qué fácil es mejorar el mundo...
“Cuéntale un cuento a un niño”: es una experiencia que os enriquecerá a ambos. “Comed juntos más a menudo”: los niños que comen con sus padres tienen menos posibilidades de padecer estrés y ansiedad. “Escribe a alguien algo cariñoso”: o una disculpa, o una receta, o una buena idea... Es agradable hacerlo y es agradable recibirlo: ¿qué parte de las dos no te gusta?

Las dos me parecen muy bien.
“Aprende primeros auxilios”: quién sabe si eso podrá ayudarte un día a salvar una vida... “Cocina algo para un amigo”: el próximo regalo que tengas que hacer, en vez de comprarlo, ¡que sean unas galletitas horneadas por ti! “Da tu número de teléfono a cinco vecinos”. O al menos, hablad un poco...

Se trata de fomentar lazos, ¿no?
Somos una comunidad planetaria, y cada miembro puede mejorar algo en su entorno. “Haz algo sin esperar nada a cambio”. ¡Son tantas las pequeñas grandes cosas que puedes hacer para que el mundo mejore!

Despídame con la última, va.
Toca a las personas que quieres, acarícialas, bésalas. Les harás bien, te harás bien. “¡Abraza a alguien cada día!” ¿Nos damos un abracito para despedirnos, Víctor?

Quien quiera sugerir otras pequeñas acciones a Harvey puede hacerlo mediante un correo electrónico a sugerencias@wearewhatwedo.es. ¡Ánimos!