sábado, 20 de septiembre de 2008

Verle las orejas al lobo

Publica hoy El Periódico que el chef catalán Joan Borràs, del Hostal Sant Salvador (la Vall de Bianya, Girona), renuncia a la estrella Michelin que le concedieron en 2006. Tras superar una operación a vida o muerte en febrero, este buen señor ha decidido que en adelante trabajará a fuego lento y se tomará la vida con mucha más calma. Que el estrés de mantener tan pesada distinción lo aguante otro. “Es un planteamiento de vida nuevo. Le vi las orejas al lobo, tengo 41 años y quiero disfrutar de mi hijo” –afirma sabiamente.
¡Bravo! ¡Me alegro por ti, Joan! ¡Seas bienvenido al club de la felicidad sencilla!
(“Creo que se ha trabajado demasiado en el mundo, que la creencia de que el trabajo es una virtud ha causado enormes daños y que lo que hay que predicar en los países industriales modernos es algo completamente distinto de lo que siempre se ha predicado.” [...] “El sabio empleo del tiempo libre es un producto de la civilización y de la educación. Sin una cantidad considerable de tiempo libre, un hombre se verá privado de muchas de las mejores cosas. Y ya no hay razón alguna para que el grueso de la gente haya de sufrir tal privación; solamente un necio ascetismo, generalmente vicario, nos lleva a seguir insistiendo en trabajar en cantidades excesivas, ahora que ya no es necesario.” [...] “El buen carácter es, de todas las cualidades morales, la que más necesita el mundo, y el buen carácter es la consecuencia de la tranquilidad y la seguridad, no de una vida de ardua lucha.” Bertrand Russell, Elogio de la ociosidad)

lunes, 15 de septiembre de 2008

Mitos de película

Que una creencia sea compartida por la mayoría de la población no garantiza que sea cierta. No obstante, en Occidente, en parte por influencia de cierto tipo de cine y de literatura, quien más quien menos da por bueno alguno de los mitos románticos que a continuación vamos a describir (no sin antes advertir –¡¡¡atención!!!– que existe la posibilidad de herir sensibilidades):

–El mito de la media naranja: escogemos a la pareja que de algún modo teníamos predestinada, lo cual garantiza realizar la mejor elección posible.
–El mito de la exclusividad: el amor romántico-pasional sólo puede sentirse por una persona al mismo tiempo.
–El mito de la convivencia o del matrimonio: el amor romántico debe conducir a una unión estable de la pareja.
–El mito de la omnipotencia: “el amor lo puede todo”, la unión amorosa otorga una fuerza especial que permite superar todos los obstáculos imaginables.
–El mito de la pasión eterna: el amor pasional de los primeros meses puede (y debe) perdurar tras miles de días (y noches) de convivencia.
–El mito de la fidelidad: todos los deseos pasionales (románticos y eróticos) deben satisfacerse con una única persona.
–El mito del libre albedrío: nuestros sentimientos amorosos son tan íntimos que no están influidos de forma decisiva por factores sociales, culturales o biológicos ajenos a nuestra voluntad y a nuestra consciencia.
–El mito de la equivalencia: los conceptos de amor y enamoramiento son equivalentes, de modo que si un@ deja de estar apasionadamente prendad@ de su pareja es que ya no la ama.
–El mito del emparejamiento: estar en pareja es algo natural y universal, por lo que en todas las épocas y culturas el ser humano ha tendido a vivir en uniones de dos personas.
–El mito de los celos: los celos son un indicador de amor “verdadero”.

Dicho lo cual, invitados estáis a vivir intensamente el amor en brazos de alguna hermosa naranja, rica, jugosa y bien entera (y no privada de ni un solo gajo, y menos aún de una mitad). Eso sí, con la mente despejada y los pies firmemente asentados en la tierra, sin dejaros arrastrar por creencias erróneas, tratando de evitar sufrimientos innecesarios. ¡Amad sanamente y cuanto podáis, que la vida pasa y nosotr@s con ella!

(Para saber más: Carlos Yela García, El amor desde la psicología social, Ediciones Pirámide; Antonio Galindo, Las mentiras del sexo, Kairós + artículo "Amores revueltos" de La Vanguardia)

lunes, 1 de septiembre de 2008

Born to be alive

“El miedo irracional a la muerte es consecuencia del fracaso ante la vida, es la expresión de nuestra conciencia culpable de haber malgastado nuestra vida y de haber echado a perder la oportunidad de hacer un uso productivo de nuestras capacidades. Morir es una cosa hiriente y amarga, pero la idea de tener que morir sin haber vivido no la podemos soportar. En relación también con el miedo irracional de la muerte está el temor de envejecer que obsesiona a un número cada vez mayor de personas de nuestra civilización. [...]

Podemos observar personas [...] que están obsesionadas por el miedo a la vejez cuando todavía son muy jóvenes; están convencidas de que el debilitamiento de la fuerza física va ligado al de su personalidad total, de sus poderes emocionales e intelectuales. [...] Pero numerosos ejemplos nos muestran que la persona que vive productivamente antes de envejecer no decae, al contrario: las cualidades mentales y emocionales que ha ido fomentando en el proceso de su vida productiva continúan creciendo, pese a que desaparezca el vigor físico.

No obstante, la persona improductiva sí que decae realmente en toda su personalidad cuando desaparece su vigor físico, que fue el origen principal de sus actividades. La decadencia de la personalidad en la vejez es un síntoma: es la prueba de no haber podido vivir productivamente. El miedo a hacernos viejos es la expresión –inconsciente a menudo– de una vida improductiva; es una reacción de nuestra conciencia a la mutilación de nuestro ser.”

Erich Fromm, Por una ética humanística.

La incoherencia entre qué eres en realidad y cómo vives de hecho genera frustración vital, ansiedad, pánico a morir sin haber logrado convertirte en aquello que estabas llamad@ a ser... El gran Fromm nos lo advierte claramente. Resulta inquietante pararse a reflexionar sobre ello. Pero también higiénico. “¡Atrévete a saber!”, proclamaba Kant. Si piensas que algún aspecto de tu vida puede cambiar a mejor, allá va una breve guía, tomada de la Gestalt, sobre las cinco grandes dimensiones del ser humano; quizá te sirva para detectar qué territorios de tu paisaje existencial están todavía por explorar:

a) La dimensión física: el cuerpo, los sentidos, la motricidad, la sexualidad física...
b) La dimensión afectiva: los sentimientos, la autoestima, la amistad, el cuidado del otro...
c) La dimensión racional: la actividad de ambos hemisferios cerebrales (las ideas y el imaginario creador).
d) La dimensión social: el entorno humano, las actividades en grupo, la vida cultural...
e) La dimensión espiritual: la relación con el silencio y la soledad, el sentido de la vida, el lugar en el entorno cósmico y el ecosistema global...

¡Ánimos y suerte!