viernes, 18 de enero de 2008

No con mi dinero

“Perplejo y con las piernas temblando (¡y suerte que me ha pillado sentado!). Así me he quedado yo al comprobar, mientras curioseaba en la web de la campaña BBVA sin armas, que también mi caja de ahorros invierte en la industria armamentista. ¡Ay, qué lastimita! ¡Ay, qué triste destino para mis ahorros, ganados tan honradamente! Y luego me vendrán con la monserga esa de la obra social... ¡Ay, reay, requeteay y cien millones de veces ay! No hay suficientes ayes en el universo para todas mis ganas de ayear. ¡Ayayay!

Pues no, ¡no me da la gana! Que no, ¡que con mi capital no se jode a nadie! ¡Qué narices, la “rentabilidad” me la paso yo por el arco del triunfo! Yo quiero una banca que ayude a la gente. El dinero es para montar empresas, para levantar centrales eólicas, para reforestar el Amazonas..., ¡qué sé yo!, pero ¡¿para fabricar armas!? ¡Vamos, hombre! ¡Hombre, vamos!

Y me voy, que tengo que pasarme por cierta oficina a decirle ciertas palabras a cierto director. ¡La libreta!, ¡¿dónde he puesto la libretaaaa?! ¡Pero si la tenía en la mano hace un momento! ¡Ayayayyyyyy!”

(Para saber más sobre bancos que basan sus inversiones en criterios éticos, visita los sitios web de Triodos Bank, Grameen Bank, Charity Bank, Fets, Oikocredit, Coop57, Fiare y Acció Solidària contra l'Atur.)

domingo, 13 de enero de 2008

Sostiene Carlo Petrini,

el fundador del movimiento Slow Food, que la comida rápida es una basura, y lo repite hasta que se le seca la boca. Que nadie nos advierte sobre los efectos nocivos de los aditivos químicos en que flotan los alimentos enlatados, y se indigna. Que la agricultura industrial produce vegetales insípidos a costa de acabar con la fertilidad de los suelos, de generar miles de toneladas de dióxido de carbono y de esclavizar a los productores, y se enerva. Que un buen restaurante es aquel que cocina productos ecológicos y libres de transgénicos, y clama contra quienes se dejan deslumbrar por las estrellas Michelin. Que los pequeños agricultores, las tiendas de alimentos de toda la vida e incluso la mayor parte de las especies vegetales comestibles están en peligro de extinción, y se altera. Que muchísima gente considera un lujo ir a una tienda ecológica, pero en cambio no ve inconveniente en usar el móvil compulsivamente, en renovar el armario cada temporada o en dejar que la comida se eche a perder en el frigorífico, y las venas del cuello parecen irle a estallar. Y yo le doy la razón en casi todo, pero sin pestañear siquiera: Slow!!!

(Para saber más: Carl Honoré, Elogio de la lentitud, RBA.)

domingo, 6 de enero de 2008

Rebajas de ropero

Ropa para parar un tren. Eso es lo que hay en los armarios de much@s, particularmente de quienes se han dado en llamar fashion victims. Por si alguien se ha marcado como propósito de año nuevo liberarse de la moda de una vez por todas, ahí van algunas sugerencias para apañarse con tan sólo la ropa necesaria:

-Fija un número máximo de piezas para cada tipo de prenda. Cuando se te estropee una, sustitúyela por otra nueva, no por catorce.
-No te dejes manipular por la moda. Busca lo bueno, cómodo y práctico, no lo que visten quienes salen por la tele (que, por cierto, no suelen pagar las prendas que lucen). Párate a pensar qué opinión te merecen aquell@s que te juzgan por lo que muestras del pellejo para afuera.
-Huye de las marcas. A la postre, la calidad no deja de ser similar, sólo que a precio de oro...
-Rechaza la ropa sospechosamente barata, es probable que haya sido producida por trabajadores explotados del Tercer Mundo (clic).
-No acumules prendas de esas que se utilizan una vez cada varios meses. ¿Te parece que valen la pena semejantes inversiones a fondo perdido?
-Usa los mercados de segunda mano o intercambia ropa con tus allegad@s.
-Si te cansas de un prenda, no la tires, déjala invernar en el armario y reestrénala dentro de un tiempo.
-Si estás triste o aburrid@, no trates de solucionarlo comprando. Busca otras formas más enriquecedoras (y a poder ser en compañía) de pasar el bache.
-Haz un curso de costura y arregla tus prendas, o deja que lo hagan por ti las costureras de proyectos solidarios como Ravaltex (clic).

martes, 1 de enero de 2008

Una sociedad tantálica

Los griegos nunca se pusieron de acuerdo sobre qué hizo Tántalo, quien tantas veces había compartido mesa y manjares con los dioses, para acabar tan mal. Unos opinaban que les robó néctar y ambrosía para dárselo a sus amigos. Otros, que no pudo evitar divulgar los secretos que los dioses revelaron en su presencia. Los más, que se atrevió a poner a prueba la omnisciencia divina haciéndoles probar la carne de su propio hijo, Pélope.
El caso es que el castigo impuesto fue implacable, retorcido, atroz. Condenado a permanecer eternamente en un lago con el agua hasta el cuello y árboles cargados de fruta sobre la cabeza, no podía Tántalo saciar ni la sed ni el hambre porque, cada vez que lo intentaba, el agua era absorbida por la tierra y las ramas, elevadas por un viento repentino.
Se dice que la nuestra es una sociedad tantálica. Sólo hay que echar una ojeada a los anuncios para entenderlo: bellos cuerpos, fiestas fantásticas, vestidos de marca, perfumes exclusivos, coches de lujo, casas de ensueño... Todo tan cerca de nuestros ojos, todo tan lejos de nuestro alcance... ¡Ah!, ¿y qué mal habremos hecho nosotr@s, honrad@s ciudadan@s de a pie, para merecer semejante tortura?