sábado, 25 de octubre de 2008

Falsedades sobre la inmigración

Un 18% de la población de Barcelona ha nacido fuera de España. Uno de cada cuatro nacimientos en la ciudad es de padre o madre extranjeros. Somos una sociedad multicultural, por más que haya quien no quiera enterarse. Convivimos (y conviviremos cada vez más) con personas de religiones, culturas, nacionalidades, lenguas y etnias diversas. Lamentablemente, ciertas falsedades ampliamente difundidas no contribuyen en absoluto al entendimiento. Son tan burdas, por suerte, que caen por su propio peso:

—Que la inmigración es un fenómeno masivo y que los inmigrantes nos invaden. / La población migrante del mundo sólo equivale al 2,9% del total de habitantes de la Tierra. La mayoría de quienes se desplazan, lo hacen, además, dentro de las fronteras de sus países, como los campesinos africanos o chinos que se van a vivir a las ciudades.
—Que los inmigrantes se llevan todas las ayudas del Estado. / Los inmigrantes contribuyen al Estado con mucho más de lo que reciben. En 2005, aportaron a las arcas públicas el 6,6% de la recaudación y recibieron el 5,4% del gasto público. En cuanto a la sanidad, por ejemplo, está demostrado que el uso que hacen de ella es un 15% menor que el de los españoles.
—Que se quedan con los trabajos de los autóctonos. / Con los trabajos que los autóctonos no están dispuestos a realizar, mejor dicho, y sin los cuales la economía no podría funcionar. Eso sin contar con que muchos de ellos son emprendedores que montan negocios propios que generan riqueza y nuevos empleos.
—Que muchos son unos delincuentes. / Para quien confunda los términos situación administrativa irregular y delincuencia, desde luego. La realidad es que la inmensa mayoría de los irregulares trabajan, en la economía sumergida, claro está, totalmente indefensos ante posibles abusos de empleadores (españoles) sin escrúpulos. En 2002, con la mitad de inmigrantes, la tasa de criminalidad era 1,5 puntos superior a la de 2006. Según datos de la policía española, el 63,5% de las bandas criminales son mixtas (formadas por españoles y extranjeros).
—Que se niegan a integrarse. / Qué ironías, eso mismo decían de los españoles que emigraron en el pasado a países como Francia o Alemania (cuando España –¡por cierto!– llegó a tener el 12% de su población fuera). En realidad, la mayoría de los inmigrantes se esfuerzan por adaptarse a la lengua y las costumbres de la sociedad de acogida, como es natural, pues aspiran a no convertirse en marginados. En Barcelona, por ejemplo, los nacidos fuera suelen demostrar mucho más interés por aprender el catalán que quienes llegaron de otras partes de España entre 1950 y 1975.
—Que son vecinos sucios y escandalosos. / ¿Hay alguien que no haya tenido alguna vez un vecino español sucio o escandaloso? ¿Será lo nuestro una fobia de espejo? ¿Será tal vez que no soportamos en los demás aquellos rasgos propios que nos disgustan?
—Que... (No acabaríamos nunca...)

(Para saber más sobre este tema, no dejes de visitar este sitio web: clic)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Otro más: Cuando más gasto produce una persona al Estado es antes de los 16 y después de los 65, y cuando más ingresos produce es en la franja intermedia. Pues bién: muchos inmigrantes llegan con más de 16 años, por lo cual el estado ya no se gasta dinero en su educación. Pasan su vida laboral y pagan impuestos aquí, y algunos se vuelven a su país a vivir su jubilación, de manera que no hay que proporcionarles una residencia u otros servicios.

El negocio del siglo.

Julio.

Del dijo...

En Argentina solemos decir que descendemos "de los barcos", por ser la gran mayoría hijos o nietos de inmigrantes (en mi caso, las dos cosas)...y por acá también hay discriminación, puntualmente hacia los VERDADEROS descendientes de los primeros pobladores de sudamérica...paradojas de este mundo...