domingo, 30 de diciembre de 2007

Catalunya i el canvi climàtic

"[…] al febrer de 2007, a Madrid el Govern espanyol, a través del Consell Nacional del Clima, va presentar unes conclusions que […] deien que en les properes dècades (2020-2030) les precipitacions en forma de pluja es reduirien fins a prop de la meitat al sud de la península Ibèrica, mentre que les temperatures màximes podrien arribar a augmentar fins a 8 graus.

Pel que fa al nostre país, Catalunya, l’informe, que va ser elaborat per l’Institut Nacional de Meteorologia, preveia un augment de la temperatura d’entre 0,5 i 1,5 graus en el període 2010-2040, i d’entre 2,5 i 4 graus d’allà al 2070. Cap al final de segle, les previsions eren molt pessimistes i dibuixaven un escenari climàtic força complicat, amb un augment de temperatures de fins a 6 graus cap al 2100, amb una forta retallada de pluges, una marcada tendència al que els experts anomenen “africanització” dels estius (temperatures extremes i una calor asfixiant) i la pràctica desaparició de la primavera i la tardor.

[…] Encara un darrer informe del Ministeri de Medi Ambient ens aporta una dada esgarrifosa: la península Ibèrica es troba, segons els experts, a la probable “zona zero” dels efectes del canvi climàtic al sud d’Europa. Entre d’altres, és previsible que al llarg del segle XXI […] es produeixi una reducció de fins al 40% de la disponibilitat d’aigua potable a l’Estat espanyol."

José Luis Gallego, Encara hi som a temps. Com serà Catalunya si no aturem el canvi climàtic, Columna, Barcelona, 2007, pág. 90.

África podría empezar en los Pirineos. Todavía estamos a tiempo de evitar entre tod@s. Que nuestr@s niet@s no tengan la oportunidad de echarnos en cara que nos quedamos de brazos cruzados. Y gracias, José Luis, por hablar tan claro. No tienes nada de “gallego”.

jueves, 20 de diciembre de 2007

Esclav@s del coche

Leo que el ciudadano medio español trabaja cerca de 600 horas al año para poder mantener su coche, lo cual equivale a casi la tercera parte de su vida laboral, y me llevo las manos a la cabeza (Alfonso Sanz y Antonio Estevan: Hacia la reconversión ecológica del transporte en España, Los Libros de La Catarata, Madrid, 1996).

Como mi sentido común se resiste a creérselo, empiezo a hacer números. Pongamos por caso que, para poder ir a trabajar, me compro un cochecito de 12.000 euros y lo pago al contado (soy optimista). Supongamos que voy a poderlo usar durante 10 años sin averías y, como soy un buen conductor, sin tener que pagar multas (¡esta vez soy mucho más que optimista!). Imaginemos que no necesito plaza de aparcamiento porque siempre encuentro sitio en la calle (¡esto es tener suerte!). Pongamos finalmente que me gasto 120 euros al mes en combustible y 300 euros al año en el seguro. Resultado: necesito, en el mejor de los casos, 245 euros al mes para el auto, o sea, ¡una cuarta parte de un salario de mileurista! Y eso sin contar la parte de mis impuestos que se emplea en construir carreteras ni el valor de las horas perdidas en los embotellamientos.

Vamos, que encontrar un trabajo cerca de casa, al que se pueda llegar a pie o en bicicleta, es como que te toque la lotería. ¡El sueldo se incrementa un 25% al instante!

(“Una persona, un voto”: esto es libertad política. “Una persona, un coche”: esto es esclavitud económica. Los números cantan. ¡Vete tú a fiar de las imágenes de felicidad al volante que salen en los anuncios!)

sábado, 15 de diciembre de 2007

Cooperativas de consumo

A mediados del siglo XIX, unos obreros de Rochdale (Lancashire, Inglaterra) formaron una cooperativa de consumo para no tener que pagar los precios abusivos de los comercios locales, controlados por el patrón.

Desde entonces, muchas otras personas han creado cooperativas para hacer la compra de manera colectiva y directamente a los productores. Es el caso de las cooperativas de distribución de productos ecológicos y de comercio justo, que últimamente están floreciendo como alternativa a los grandes supermercados.

Sus cooperativistas tienen acceso a café, cacao, té, azúcar de caña, frutas, hortalizas, etc. de gran calidad, cultivados sin sustancias químicas ni elementos transgénicos por pequeños productores que trabajan para sí mismos. Además de comer más que bien, se dan el gustazo de apoyar iniciativas respetuosas con el medio ambiente y los derechos de los trabajadores. Un doble placer. Si quieres saber más, haz clic: Frescoop, Món Verd, Alter MercatXarxa de Consum.

jueves, 6 de diciembre de 2007

¡"Feliz" Navidad!

“Si alguien no tiene más compensación en la vida que lo que venden en las tiendas es muy difícil que pueda vivir con menos, porque tiene que mutilarse.

El nivel de cultura de una persona se puede ver en el dinero que gasta para pasar un fin de semana o unas vacaciones. Cuanta menos cultura se tiene, más dinero se necesita para pasar un fin de semana, una noche o una tarde, porque todo tiene que venir de fuera. Es como esos países que no tienen producción propia y han de importarlo todo y todo resulta carísimo. Cuando uno tiene producción propia, ahorra.

Picasso, con un lienzo y unos lápices, podía pasar mucho tiempo, porque tenía algo que hacer. Pero si no se tiene nada, hay que salir a comprar un picasso, y eso sale carísimo.

Las cosas para una persona creativa son relativamente baratas. La televisión con su vídeo, el tocadiscos con unos discos o los libros ya no son tan caros. Lo costoso es tener que poseer la marca determinada: que no se escuche la música, sino la alta fidelidad. Si te gusta la música, disfrutas con la música, no con el aparato; si eres un descerebrado, lo único que te interesará son los botoncitos y que tenga muchos. Si te gusta escribir, con un bolígrafo y una hoja de papel te puedes arreglar; de lo contrario necesitarás un ordenador lleno de cosas que tape el hecho de que tú no tienes nada que decir.

Mucha gente quiere tener cosas porque se las ha visto al vecino. Pero no conozco a nadie que envidie la capacidad verbal de otro. El objeto más importante de nuestra vida, el que utilizamos más tiempo, aquel al que nunca podemos renunciar, el que está vinculado a nuestra subjetividad es el lenguaje, el idioma, las palabras. La gente no puede vivir sin no sé cuántos cachivaches, pero cree que puede hacerlo con quinientas palabras para dar encarnación a todos los aspectos del alma humana. Nadie va por el mundo diciendo “quédese los objetos y déme tres mil palabras de más, que tengo cosas que decir y no las puedo expresar”. Eso no le preocupa a nadie.

Creo que llegará un momento en que nos daremos cuenta de que, efectivamente, debemos intentar acumular cosas, pero aquellas que no venden en las tiendas: el lenguaje, las ideas, la sensibilidad plástica o musical.”

Fernando Savater, filósofo. Entrevistado por Alicia Arrizabalaga y Daniel Wagman en Vivir mejor con menos, Aguilar, Madrid, 1997, pág. 28-29.

Casi todo el mundo acaba la Navidad con algunas pertenencias más. Quien más quien menos ha comido hasta hartarse toda clase de exquisiteces de sibarita. Poc@s son, en cambio, l@s que salen de estas fechas habiendo aprendido algo, habiendo resuelto algún conflicto personal o dispuest@s de verdad a lograr que los deseos de Año Nuevo pasen por fin del proyecto a la realidad. Seguramente por eso la Navidad es la época donde más abunda la melancolía. El contraste entre la felicidad colectiva que nos vende la publicidad y la realidad de nuestra existencia, tan corriente y moliente, es demasiado hiriente.

La opinión de Savater nos mete el dedo en el ojo ante la que se nos avecina estos días. No cabe esperar que el consumismo nos aporte más bienestar interior, eso sólo llegará si logramos crecer como personas. Claro que para comprar, con tener pasta basta; para mejorar de epidermis adentro, en cambio, el dinero “¡no sirve de ná, no sirve de ná, no sirve de náááááááááá!” Ya lo decía Peret.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

1.500 millones de árboles

“Si supiera que el mundo se ha de acabar mañana, yo hoy aún plantaría un árbol”. Martin Luther King, el autor de esta sentencia, estaría contento. Según la ONU, en 2007 se plantaron en el mundo 1.500 millones de árboles. Si consiguen prosperar, al final de su vida cada uno de ellos habrá absorbido una tonelada de dióxido de carbono, además de haber contribuido a regular el régimen de lluvias y a frenar la desertización.

Se prevé que en 2008 se planten por lo menos otros 1.000 millones. Ciudadan@s, empresas, organizaciones y gobiernos de todo el planeta ya están por la labor. El ayuntamiento de Alcaraz (Albacete), por citar sólo un ejemplo, se ha comprometido a plantar un árbol por cada un@ de sus 1.700 vecin@s. Y tú, ¿cómo lo ves? ¿Te apetece poner algo de tu parte?: clic y reclic.

(Si quieres motivar a alguien para que plante un árbol, no dejes de recomendarle leer este breve cuento de Jean Giono, El hombre que plantaba árboles: clic)