jueves, 20 de diciembre de 2007

Esclav@s del coche

Leo que el ciudadano medio español trabaja cerca de 600 horas al año para poder mantener su coche, lo cual equivale a casi la tercera parte de su vida laboral, y me llevo las manos a la cabeza (Alfonso Sanz y Antonio Estevan: Hacia la reconversión ecológica del transporte en España, Los Libros de La Catarata, Madrid, 1996).

Como mi sentido común se resiste a creérselo, empiezo a hacer números. Pongamos por caso que, para poder ir a trabajar, me compro un cochecito de 12.000 euros y lo pago al contado (soy optimista). Supongamos que voy a poderlo usar durante 10 años sin averías y, como soy un buen conductor, sin tener que pagar multas (¡esta vez soy mucho más que optimista!). Imaginemos que no necesito plaza de aparcamiento porque siempre encuentro sitio en la calle (¡esto es tener suerte!). Pongamos finalmente que me gasto 120 euros al mes en combustible y 300 euros al año en el seguro. Resultado: necesito, en el mejor de los casos, 245 euros al mes para el auto, o sea, ¡una cuarta parte de un salario de mileurista! Y eso sin contar la parte de mis impuestos que se emplea en construir carreteras ni el valor de las horas perdidas en los embotellamientos.

Vamos, que encontrar un trabajo cerca de casa, al que se pueda llegar a pie o en bicicleta, es como que te toque la lotería. ¡El sueldo se incrementa un 25% al instante!

(“Una persona, un voto”: esto es libertad política. “Una persona, un coche”: esto es esclavitud económica. Los números cantan. ¡Vete tú a fiar de las imágenes de felicidad al volante que salen en los anuncios!)

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