miércoles, 11 de julio de 2007

Áurea mediocridad

“A la humanidad le ha angustiado siempre el fin del mundo. Todas las tribus, sociedades y civilizaciones conocidas prevén de algún modo el magno evento. Desde la ira de los dioses a la visita de un meteorito, el abanico de posibilidades terminales para la humanidad es esplendoroso. Junto al emocionante surtido de modos de acabar definitivamente con lo nuestro ha surgido recientemente, por primera vez, la posibilidad de que no nos extingamos, como los dinosaurios, por un acontecimiento cósmico imprevisto, sino a causa de nuestra propia estupidez.

Sabemos ya a ciencia cierta que la civilización contemporánea se ha montado sobre criterios irracionales. Éstos entrañan la destrucción sistemática de los recursos necesarios para la supervivencia de la humanidad. En los albores de este siglo XXI, la verdad de la catástrofe generada por nuestro desaforado modo de vida es ya incontrovertible: somos capaces de suicidarnos colectivamente y hacer que nuestra civilización desaparezca.

La pena ante este fin del mundo prefabricado es que la solución es conocida y, en principio, fácil. Se trata de la práctica social de la austeridad. La austeridad es la virtud de vivir con lo esencial y prescindir de lo superfluo. La austeridad es lo contrario de la pobreza. Para empezar, una sociedad austera elimina la pobreza. La gente vive en su aurea mediocritas con tranquilidad. Hay escuelas, hospitales, bosques, terrenos baldíos, ríos limpios, fauna y flora abundantes, moradas decentes para sus habitantes. Eso sí, no hay una infinitud de segundas residencias ni vastas urbanizaciones en el campo. (Que deja de ser campo por ellas.) Ni hay millones de turistas volando por los aires de Hamburgo a Cancún, a Benidorm, ni a otros destinos igualmente zafios. Ni hay congestión permanente del tránsito rodado, ni inmensas panoplias de armamento en uso desolador, ni millares de minas explosivas de las llamadas “antipersonas” desparramadas por todas partes, con sus víctimas. Ni hay orgías consumistas durante las fiestas de guardar. Fiestas de guardar que hoy son ya sólo de dilapidar.

La austeridad social requiere la imposición de la mesura en el consumo de bienes superfluos a lo largo y ancho de la sociedad humana. No hace daño a nadie. (Salvo a delincuentes como puedan ser traficantes de armas, especuladores corruptos y políticos vendidos.) La universalización de la austeridad social impide el apocalipsis. Sería aconsejable que quienes, al no ser nihilistas, deseemos la perpetuación de la especie sobre la Tierra concentráramos nuestras pesquisas y cogitaciones en este asunto.”

Salvador Giner, “Cómo postergar el apocalipsis”,
El Ciervo, febrero de 2007 (adaptación).


(Aurea mediocritas es una expresión del poeta latino Horacio que alaba la vida sencilla y sin demasiadas preocupaciones de quienes carecen de ambición y se saben conformar con poco.)

1 comentario:

nancicomansi dijo...

Ay austeridad, divino tesoro!!!
mi sueño sería tener bastante con un bote azul de NIvea, unos vaqueros y una blusa blanca!!!
Sin ironías, estoy harta de tanta falsa necesidad que te propone la diversificación de productos y consumo para ser feliz...
Ser austero es lo más sensato...