miércoles, 4 de julio de 2007

Martingalas de supermercado

Si todo el mundo fuera a comprar con una lista de los productos que necesita, los adquiriese sin demorarse demasiado, pagase y adiós muy buenas, los supermercados perderían una buena parte de su negocio.

Como de lo que se trata es de que te dejes cuanto más dinero, mejor, ten en cuenta que cuando vayas al súper te tenderán algunas trampas. Te pondrán un hilo musical lento, que invita a circular con parsimonia, para que te detengas aquí y allá, con ayuda quizá del típico carro que tiene una rueda ¿estropeada? Ahora bien, si el recinto está abarrotado, la música será mucho más animada para que compres deprisa, desfiles pronto y dejes paso cuanto antes a nuevos compradores.

Intentarán que se te despierte el apetito, por ejemplo, poniendo las frutas y verduras más lustrosas (“maquilladas” convenientemente) a la entrada del recinto, colocando el pan recién hecho en pleno centro, para que el aroma llegue a todas partes, y haciendo relucir el pescado bajo focos fluorescentes.

Te pondrán a la altura de los ojos, bien a mano, los artículos más caros y superfluos, y en los estantes más bajos, los más básicos, para que cogerlos te cueste doblar el espinazo. Los productos de oferta, a lo largo de un pasillo que vaya de punta a punta, y los productos de primera necesidad, en los extremos del local, bien lejos unos de otros (se trata de que te pasees bien y, de paso, por el camino, tengas la oportunidad de alargar la mano unas cuantas veces). Junto a la caja, chicles, caramelos y chocolatillos, por si caes en la tentación mientras esperas tu turno.

Anzuelos de todas clases, en suma, especialmente pensados para incaut@s que luego no paran de quejarse de cuán deprisa desaparece el dinero...

(Ah, y aquí van un par de ideas para reinvertir el dinero que dejes de gastar en el súper la próxima vez en productos ecológicos y solidarios).

No hay comentarios: