domingo, 15 de julio de 2007

Decrecimiento

“Que el crecimiento de los países que ya tienen un bienestar determinado tenga un límite no quiere decir que los países pobres no hayan de crecer: al contrario, son los que más lo han de hacer. Precisamente, el margen que puedan dar los países ricos puede dejar respirar la autonomía y los recursos de los más pobres.

Si las ventas son cien y la inflación es de un 3%, que el año próximo las ventas sean ciento tres me parece razonable, pero lo que no me parece razonable es que un directivo de empresa diga que han de ser ciento veinte. ¿Por qué? Porque esto quiere decir consumir más y gastar demasiado. Dejar que cada año la renta fuera la misma para cada ciudadano tampoco afectaría tanto: ¿por qué cada año hemos de consumir más energía? ¿Por qué hemos de gastar más agua? ¿Por qué hemos de renovar los aparatos electrónicos?

Un consumo moderado no le iría nada mal al planeta. Pero cada año aparecen nuevas cosas para consumir, por medio de nuevas necesidades inventadas. Falsas, muchas veces, pero muy convincentes, publicitariamente. Y también perversas: ¿por qué un modelo de ordenador o un teléfono móvil, por poner dos ejemplos, tienen un tiempo de vida tan corto? ¿Es necesario? Para nosotros quizá no, pero para el mercado, sí. Creo que el tipo de perfeccionamiento de la sociedad iría no tanto en la dirección de crear necesidades e irlas renovando, sino de hacerlas más sostenibles: ¿y si pensamos en un modelo de coche que en vez de gastar 10 de gasolina gaste 5 y en vez de petróleo sea alimentado por alcohol? ¿No sería una buena solución para la falta de recursos naturales? Continuamos teniendo un coche, pero menos contaminante, más sostenible.

Probablemente, la mentalidad que ha de cambiar es la de la empresa o empresas, pero eso ya es más difícil, si entendemos que uno de los objetivos de cualquier empresario es crear beneficios y, si es posible, aumentarlos.”

Arcadi Oliveres: Un altre món, Angle Editorial, Barcelona, 2006

Hoy por hoy es probablemente una utopía aspirar a un decrecimiento generalizado de las sociedades ricas. Ahora bien, también es cierto que cada vez hay más gente que renuncia a un tren de vida acelerado y se niega a trabajar más para poder consumir sin freno. Para muchas personas disponer de tiempo libre pasa por delante de tener más poder adquisitivo. La calidad de vida se antepone a la cantidad de patrimonio y lo esencial, a lo superfluo.

Hay quien vende una segunda residencia que sólo puede disfrutar unos pocos días al año, hay quien tiene el coraje de rechazar un ascenso laboral o de negociar con su jefe una reducción de la jornada, hay quien prefiere el carsharing a comprarse un coche nuevo, hay quien se niega a renovar cada dos por tres el armario o los artilugios electrónicos, hay quien se harta de hacer catorce regalos navideños y convence a su familia para jugar al amigo invisible, hay quien ha descubierto que cocinar para l@s amig@s de vez en cuando es mucho más gratificante que cenar fuera cada sábado, hay quien decora su casa con lo indispensable...

En fin, hay tantos y tantos ejemplos de decrecimiento cotidiano... Quizá tú mism@ podrías extraer alguno de tu propia experiencia personal. ¿Verdad?

Si te interesa este tema, visita las páginas web Consume hasta morir, Decrescità y Decreixement.

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