domingo 28 de junio de 2009

El destino es lo de menos

«Los viajeros con experiencia han descubierto que lo que convierte a un viaje en algo memorable no son los lugares que visitan, sino las personas con las que entran en un estrecho contacto. Una mujer que ha dado varias veces la vuelta al mundo nos comenta la estrategia que ella ha desarrollado:

“Cuando viajo siempre intento aprender algo sobre el país o el lugar que visito. Es algo educativo aprender cosas nuevas sobre la geografía, los recursos, el arte, la historia, las costumbres y la cultura. Pero también están en el proceso, las relaciones y las interacciones que se producen con los demás. Es esto último lo que considero mucho más significativo y memorable.

Podría ir al lugar más fantástico y mágico del mundo o visitar siete museos y once iglesias, pero todo esto no sería, ni de lejos, tan interesante para mí si no lograse hacer amigos que actuasen a modo de guía para introducirme en su mundo.

Por eso me gusta tanto ir a mercados, porque son los lugares idóneos para establecer relaciones. Tanto si hablo la lengua del lugar, como si no la hablo, eso no importa porque nos podemos comunicar por medio de gestos, de los ojos o de la sonrisa. Hay tantas caras que todavía recuerdo de adultos, pero sobre todo de niños de Birmania, Sudáfrica, Tailandia y Nueva Guinea o Cachemira. Por eso siempre llevo conmigo golosinas y una Polaroid, así les puedo hacer a los niños una foto y regalársela.

Ni tan siquiera puedo señalar una determinada experiencia como la más especial, porque hay tantas. Y lo que todas tienen en común es que logramos contactar con personas. Nos invitaron a sus hogares. Conocimos a sus familias. Intercambiamos regalos. Se formó como una unión y todos nosotros la sentíamos. Volví enriquecida y emocionada y conmovida por haber podido conocer a esas personas.

Una vez he podido ver cómo viven otras culturas, tomé algo de ellas y lo incorporé a mi propia vida. […]

Me siento tan llena de experiencias. Hay tantas personas a las que he conocido a lo largo de mi camino. Y me siento agradecida por cada una de ellas. Me siento conmocionada.”

Lo que nos describe esa mujer es una forma de viajar que se basa no en dónde está sino en quién es. Nos describe una forma de viajar que está marcada por las relaciones con las personas y no con los lugares. Los lugares pueden ser importantes, pero no son ni mucho menos tan importantes como mucha gente piensa, si lo que se está intentando es realizar un cambio personal.»

Jeffrey A. Kottler, Viajar como experiencia transformadora, Paidós, 1998, pág. 133-134.


¿Y todavía no tienes un perfil en Couchsurfing u Hospitality Club?

miércoles 17 de junio de 2009

Reír a mandíbula batiente

“Siendo redactor de la revista Saturday Review e inmediatamente después de regresar (totalmente extenuado) de un viaje al extranjero, Norman Cousins comenzó a experimentar una fiebre muy alta y grandes dolores en todo su cuerpo. Fue rápidamente ingresado en un hospital, donde le diagnosticaron una enfermedad del tejido conjuntivo considerada incurable [espondilitis anquilosante]. Le dolían tanto las articulaciones que no podía realizar ni el más leve movimiento. Los médicos le dijeron abiertamente que las posibilidades de recuperarse eran prácticamente nulas. Negándose a aceptar este triste destino, Cousins decidió tratarse a sí mismo.

Recordó una conferencia sobre las nefastas consecuencias que las emociones negativas tienen sobre el organismo. Entonces pensó que si en su caso, las emociones negativas habían jugado un papel determinado en la aparición de su enfermedad, tal vez las emociones positivas fueran capaces de restablecer el equilibrio, es decir, de devolverle la salud. Así, decidió combatir su enfermedad con alegría, humor y risa. En una primera etapa pidió que en su propia habitación del hospital se le permitiera proyectar películas cómicas y desde el primer día comenzó a experimentar cierta mejoría. Pronto se dio cuenta de que 10 minutos de risa le permitían dormir 2 horas sin ningún dolor. Poco después abandonó el hospital trasladándose a la habitación de un hotel, que además de resultarle mucho más económica, le ofrecía mayores comodidades y alimentos a su gusto. Allí las sesiones de cine cómico fueron realmente maratónicas y como resultado, en muy breve plazo se curó por completo.”

David García Walker, Los efectos terapéuticos del Humor y la Risa, Editorial Sirio, Málaga, 1999, pág. 15-16.

Tal vez haya pocos casos tan increíbles como este, pero hoy por hoy numerosos estudios médicos han demostrado con creces que las emociones positivas favorecen la salud de las personas. El humor y la risa combaten el estrés, la ansiedad, la hipertensión, la contracción muscular y los trastornos intestinales, además de fortalecer el sistema inmunológico (al aumentar la actividad de las células NK, natural killers, que protegen al organismo de agentes nocivos tales como virus y células cancerígenas).

¿Te acuerdas del episodio más gracioso de tu vida? No dejes de traerlo a la mente tan a menudo como puedas...

lunes 8 de junio de 2009

Una placa en cada balcón

Si en cada hogar hubiera un placa solar, podríamos autoabastecernos de una parte de la energía que consumimos y el volumen de nuestras emisiones de dióxido de carbono se reduciría considerablemente. La Fundación Terra nos invita ahora a instalar una placa solar en nuestro balcón. La han bautizado como Kit Fotónico GS120 y se puede conectar directamente a la red doméstica a través de cualquier enchufe, con el consiguiente ahorro en la factura mensual. Para más información, no dejes de leerte esta noticia del diario Público: clic.

viernes 1 de mayo de 2009

El banquero de los pobres

En 1974, Bangladesh padeció una terrible hambruna. Muhammad Yunus, profesor universitario de Economía, vio morir de hambre por las calles a miles de sus conciudadan@s. Para poder subsistir, much@s de los que no perdieron la vida se vieron obligados a pedir dinero a prestamistas que les exigían intereses abusivos. Yunus se escandalizó al ver cómo una campesina tomaba prestado menos de un dólar a condición de que el prestamista se quedase con el derecho en exclusiva a comprar todo lo que ella produjera al precio que él decidiera. De la indignación ante semejante forma de esclavitud nació en 1983 el Grameen Bank.


El Grameen Bank presta hoy pequeñas sumas de dinero a personas pobres que necesitan comprar semillas o animales de granja, iniciar un negocio, construir una casa... A pesar de que no se les exigen avales, estas personas pagan y resarcen los préstamos puntualmente en el 99% de los casos. La idea del microcrédito ha sido exportada a otros muchos países del Tercer Mundo y también al mundo rico, incluidos los mismísimos Estados Unidos, en un caso de transferencia de sabiduría del mundo “pobre” al “rico” que constituye una sonora bofetada en la cara de nuestro trasnochado paternalismo occidental.


Observa la cabecera de este blog. Hablamos de ideas sencillas para una vida solidaria. ¿Quieres una?: financia a un emprendedor sin recursos. Hay mil maneras. A mí me ha llamado la atención www.kiva.org, un proyecto que tiende puentes a través de Internet entre quienes tienen capital y quienes lo necesitan. No estarás dando caridad. Estarás ayudando a hacer viable un pequeño negocio mediante un micropréstamo que se te devolverá. ¡Manos a la obra!


(Para saber más sobre este tema, no te pierdas el libro de Muhammad Yunus, El banquero de los pobres. Los microcréditos y la batalla contra la pobreza en el mundo, Paidós, Barcelona, 2008.)

lunes 13 de abril de 2009

Venecia Lonis

Tiene nombre de artista y un cuerpecito desnutrido, famélico. Nació en Haití y en sus cuatro años no ha conocido ninguna alegría, sólo hambre y enfermedad.

Si sólo nos fijáramos en la sombra de la niña, pensaríamos que se trata de una marioneta colgada de una percha, a la espera de la próxima actuación. La sombra del artilugio de madera del que parece suspendida evoca, sin embargo, las formas de una horca. En realidad no es una marioneta, ni una ahorcada; se trata de una cría de cuatro años severamente desnutrida que está siendo pesada en un hospital de Puerto Príncipe (Haití). Separada unos centímetros del suelo, eleva los brazos como un pájaro enfermo levantaría un par de alas inhábiles, mientras observa con un temor neutral al equipo médico. Llama la atención el lazo amarillo que lleva en la cabeza: un signo de coquetería extraño en una situación desesperada.

Y algo de marioneta tiene, pues quién me dice a mí que no la he sacado del armario (o del archivo) para cubrir mi cuota anual de artículos sobre el hambre en el mundo. No digo que se trate de una cuota consciente, pero si hago cálculos resulta que escribo dos o tres al año, con cierta regularidad, al modo del que administra otras tantas dosis periódicas de mala conciencia. Y también tiene algo de ahorcada, pues su vida pende de un hilo a punto de romperse. La niña se llamaba (quizá se llame todavía, la foto es de noviembre de 2008) Venecia Lonis, un nombre con el que habría hecho fortuna en cualquier sitio. Vienes al mundo con ese nombre en Nueva York, en Londres o en Berlín y tienes hecha media carrera de escritora, de arquitecta, de jefa de protocolo o de poeta maldita. Pero en Haití te llamas Venecia Lonis y como si lloviera. Perra vida.

(Juan José Millás, El País Semanal, 29 de marzo de 2009. Fotografía de Ramón Espinosa)

Ante realidades como esta, no vale mirar para otro lado. "Que cada palo aguante su vela".

lunes 2 de marzo de 2009

Desquiciarse a base de hidratos

En la alimentación occidental, la alimentación de los “ricos”, hay grandes cantidades de azúcar refinado (de caña y de remolacha, sirope de maíz, fructosa, etc.), harinas blancas (pan blanco, pasta blanca, arroz blanco, etc.) y aceites vegetales (de soja, de girasol, de maíz, grasas hidrogenadas). La literatura científica señala que para protegerse del cáncer conviene evitar estas tres fuentes de alimentación (sustituyéndolas por sirope de agave o stevia, pan multicereales o cualquier otro elaborado con levadura madre, arroz integral o basmati, pasta integral y aceite de oliva o de linaza). Pero además de por una cuestión de salud física, estos alimentos deberían evitarse también para mejorar el estado de ánimo.

Más de un@ que ha acudido a una consulta psicológica pensándose que es ciclotímic@, se habría ahorrado la visita si vigilase lo que come. Me explico. Los hidratos de carbono refinados provocan hiperglucemia (elevación del azúcar en la sangre), lo cual se traduce en un estado de excitación física y psíquica que puede degenerar en irritabilidad y agresividad. Cuando el páncreas reacciona y segrega insulina para regular este desajuste, se da una situación de hipoglucemia que lleva aparejadas debilidad física, ansiedad y depresión mental. Para salir del bajón, tendemos a tomar de nuevo hidratos de carbono, y vuelta a empezar...

Si quieres que tu estado anímico se convierta en una delirante montaña rusa, lo tienes fácil, norteamericaniza tu dieta poniéndote morad@ de bollería, cookies, cereales azucarados, pan blanco, burritos, pizza, pasta, patatas fritas, refrescos de cola, zumos envasados... (¡Ni en broma! No se te ocurra hacerlo. ¿Has visto el documental Super size me? El protagonista todavía debe estar intentando recuperarse de la intoxicación...)

domingo 1 de marzo de 2009

“Si hay que discutir se discute,

«En su libro sobre el poder transformador que posee la cercanía de la muerte [Existential Psychotherapy, Nueva York, Basic Books, 1977], Irvin Yalom, un eminente psiquiatra de la Universidad de Stanford, cita una carta escrita por un senador poco después de que le diagnosticaran un cáncer muy grave, a comienzos de los años setenta.

“Se produjo en mí un cambio que creo es irreversible. De repente dejaron de tener importancia cuestiones relacionadas con el prestigio, el éxito político, el nivel económico. Durante las horas inmediatamente posteriores a que me dijeran que tenía cáncer no pensé ni por un momento en mi escaño en el Senado, ni en mi cuenta bancaria ni en el destino del mundo libre... Desde que me diagnosticaron la enfermedad, mi mujer y yo no hemos vuelto a tener una discusión. Antes la reñía por apretar el tubo de pasta de dientes por la parte de arriba en lugar de por abajo, o por no ocuparse satisfactoriamente de saciar mi exigente apetito, o por elaborar listas de invitados sin consultarme previamente, o por gastar demasiado en ropa. Hoy ni me fijo en esas cosas, o me parecen irrelevantes [...]. Las ha sustituido una nueva percepción de todo aquello que antes daba por hecho: salir a comer con un amigo, acariciarle las orejas a Muffet y escuchar su ronroneo, contar con la compañía de mi mujer, leer un libro o una revista bajo el sereno cono de luz de la lámpara de mi mesilla de noche, asaltar la nevera por un vaso de zumo de naranja o un trozo de pastel de moca. Creo que por primera vez estoy realmente saboreando la vida. Me doy cuenta finalmente de que no soy inmortal. Me estremezco de pensar en todas las ocasiones en que malgasté mi propio ser, aun encontrándome en plena forma física, por orgullo mal entendido, por valores equivocados o por afrentas imaginarias.”»

David Servan-Schreiber, Anti Cáncer. Una nueva forma de vida, Espasa Calpe, Madrid, 2008, pág. 47-48.

... pero discutir para nada es tontería.”