lunes 11 de enero de 2010

"Fue una Navidad sin estrés"

Sin basura, sin emisiones nocivas, sin electrodomésticos, sin metro o coche, sin plásticos, sin televisión, sin luz, sin papel higiénico. Colin Beavan (1967) salió tan satisfecho de la experiencia en el noveno piso de un edificio de Nueva York que escribió un libro, realizó el documental No Impact Man y creó No Impact Project para animar a la gente a reducir el consumo y contaminar menos para salvar al planeta. Ahora que he apagado la nevera y tengo los yogures al fresco invernal del balcón, esta entrevista de Eva Peruga en El Periódico me viene como anillo al dedo:

¿Cuántas personas serían capaces de imitar su experimento en el 2007 (No Impact Man) de no causar ningún daño al medioambiente?
Hace unas semanas, cerca de 5.000 personas trataron de vivir así durante una semana como un experimento de vida sostenible. Nosotros, en No Impact Project, tenemos un programa que ayuda a la gente a aprender a vivir de forma sostenible. Pero los estadounidenses, en todo el país, están tratando de averiguar lo que pueden hacer, porque están decepcionados debido a que el Gobierno no está haciendo más cosas.

¿Cree que su año de cero contaminación ayudó?
Sí, porque contribuyó a hablar del tema y demostró a la gente que cada individuo cuenta. A veces, las personas quieren ignorar un problema si no sienten que pueden hacer algo al respecto. Mi experiencia demostró a la gente que todo el mundo puede ayudar a pequeña escala, y esto provoca que esté más predispuesta a discutir del problema. Además, tenemos que encontrar una manera mejor de vivir.

¿Qué fue lo más duro ese año?
Lavar la ropa a mano. Esto significa que deberíamos, obviamente, mantener algunas comodidades, pero tenemos que trabajar juntos para forzar a nuestros gobiernos y empresarios a hacer las cosas sostenibles. Necesitamos una economía de energías renovables.

¿Y qué le sorprendió de una vida privada de tantas cosas?
Que mucho de lo que realizamos nos hizo más felices y saludables. El ciclismo nos proporcionó ejercicio. Los alimentos locales nos hicieron que fuéramos más saludables. Apagar el aire acondicionado significó que fuimos más al parque. Deshacernos de la televisión representó que pasamos más tiempo en familia y con los amigos...

En una escena del documental, están usted, su esposa y su hija en la bañera pisando la ropa sucia en remojo. ¿Cómo se las arreglaron sin lavadora?
Lavamos la ropa a mano.

En el documental se les ve pidiendo cubitos a la vecina. ¿Una trampa?
Hay que leer mi libro, No Impact Man, porque el documental que usted vio no se ajusta a lo que hicimos durante ese año. En él, se muestra una escena de algo que hicimos solo un día. Solo pedimos hielo a la vecina en una ocasión.

Ahorraron 2.184 pañales desechables, pero tuvieron que lavar los de tela a mano.
Pero debido a que mi hija, Isabella, utilizaba pañales de tela, pudo notar cuando estaba mojada y empezó a pedir ir al lavabo antes que otros niños. Isabella ya usaba el baño cuando apagamos la electricidad.

Sin comer pescado ni carne porque no consumieron nada producido a más de 200 kilómetros de su casa. Fue un año de verduras.
Consumir alimentos locales producidos por pequeños agricultores en lugar de por grandes compañías significa que la comida se transporta entre distancias más cortas y que el cuidado de la tierra corre a cargo de los mismos agricultores. La producción de carne es una de las que más contribuyen al cambio climático. Además, muchos de los caladeros se agotan y necesitamos que se recuperen.

En aquella Navidad, también descubrieron unas fiestas diferentes.
Hubo villancicos, el tío tocando el piano y los sobrinos corriendo alrededor de mi hija, Isabella, y buena comida. Sin regalos, verás, no tuvimos la sensación que yo, al menos, asociaba con la Navidad: el estrés. Fue una Navidad feliz, llevadera y no consumista.

Podría haber propuesto su experimento en Copenhague.
Encontrar una manera de vivir que sea más feliz y mejor para el individuo y utilizar menos los recursos ambientales tendrán que ser parte de la solución. Una forma de vida basada en el consumo, en la que a nosotros –especialmente a los estadounidenses– se nos dice que tenemos que trabajar muchas horas para comprar más cosas que realmente no necesitamos, no es el camino para la felicidad. Tampoco es el camino para la sostenibilidad. Cambiemos para que podamos tener dos cosas: personas más felices y un planeta también más feliz.

¿Qué mensaje necesitaban oír los líderes reunidos en Copenhague?
Tener el valor de liderar. Las personas de este planeta necesitan auténticos líderes, no políticos de carrera que estén preocupados por su reelección. Tenemos que llegar rápido a las 350 ppm (partículas por millón) de concentración de dióxido de carbono en el aire y necesitamos líderes para conseguirlo.

martes 22 de diciembre de 2009

Economía social

Sostenía Adam Smith, economista escocés del Dieciocho, que una “mano invisible” guía a los agentes que participan en el sistema capitalista para satifacer sus propios intereses, de manera que al final siempre se alcanza el mayor bienestar social posible. Salta a la vista, en cambio, y más en tiempos de crisis como los que corren, que el mercado laboral excluye con un fino cedazo darwinista a tod@s aquell@s que no son productiv@s al cien por cien o que resultan “sospechos@s” (quienes trabajan más despacio, padecen alguna discapacidad, han sufrido drogadicción, han estado en prisión, carecen de domicilio fijo, etc.).

L@s teóric@s de una economía social y solidaria nos recuerdan que nadie debería quedar marginad@ del derecho al trabajo por el hecho de no ser “la persona más capaz”. Las empresas de inserción laboral contratan precisamente a l@s más débiles con el objetivo de incorporarl@s al mundo laboral en pie de igualdad, como ciudadan@s de pleno derecho. Una de estas empresas, Engrunes (‘migajas’, en catalán), se dedica a recoger enseres que la gente ya no quiere para restaurarlos y revenderlos. Con ello, además de librar a los vertederos de muchas toneladas de residuos, da trabajo a unas doscientas personas.

Puedes colaborar con ell@s cediéndoles muebles, electrodomésticos y ropa que no uses (vienen a recogértelo a casa) o bien comprando en alguna de sus tiendas de Moda Amiga (hay tres en Barcelona –Sant Màrius, 53; Mallorca, 467, y Gran Via, 851– y una en Sant Cugat –Anselm Clavé, 14–).

(Si te interesa conocer algunas empresas catalanas de inserción laboral, no dejes de visitar los sitios web de Engrunes, Anem per feina -foto superior-, La Fageda, Mescladís, Mas Albornà, Ravaltext, Apip o Fundació Futur.)

sábado 24 de octubre de 2009

El catalizador Eco-car

Son muchos los automovilistas que esperan la llegada al mercado de coches realmente ecológicos, y al alcance del bolsillo, para poder conducir cada día con la conciencia algo más tranquila. Los coches híbridos son hoy por hoy demasiado caros, los vehículos eléctricos no ofrecen todavía prestaciones comparables a los convencionales y los motores de hidrógeno no han pasado de ser una promesa de futuro.

Aunque no existe una opción de transporte con emisión cero (a menos que te traslades siempre a fuerza de piernas, caminando o en bicicleta, lo cual no es realista para la mayoría de la población), diversas iniciativas tratan de acercarse lo más posible a este objetivo ideal. La empresa catalana Ecocat, por ejemplo, ha ideado un catalizador para vehículos de motor de explosión que reduce en un 15 por ciento el consumo de combustible y en un 80 por ciento las emisiones de dióxido de carbono. Este mecanismo se instala fácilmente en la manguera que une el depósito de combustible con la bomba de inyección. Tiene un coste de unos 200 euros, que se pueden amortizar en poco tiempo gracias a la mejora del rendimiento del motor. En un contexto global en que el cambio climático es ya una prioridad para casi tod@s, sin duda se trata de una excelente noticia. Para saber más, no te pierdas este interesante vídeo: clic.

domingo 27 de septiembre de 2009

Xixi no banho

¿Es antihigiénico evacuar la vejiga mientras un@ se está duchando? Mercedes Milà, la conocida presentadora de la versión española del programa Gran Hermano, opinó en su día contra viento y marea que no. Ahora, un grupo ecologista brasileño le da la razón al recordarnos que la orina se compone de agua en un 95%. Según ell@s, si incorporáramos tal hábito a nuestras costumbres ahorraríamos millones de litros de agua limpia (unos 4.830 litros por persona y año). Lo lograríamos mucho mejor, añado yo, si en cada casa hubiera un mecanismo para rellenar las cisternas de los váteres con el agua de los últimos aclarados de cada colada. Pero como, al fin y al cabo, de lo que se trata es de ahorrar agua, cualquier idea es bienvenida... (No dejéis de visitar la web xixinobanho.org.br. Es bien curiosa.)

jueves 13 de agosto de 2009

Intercambiar tiempo

Teodoro es un avezado fontanero. Además, es un goloso empedernido que siente pasión por el chocolate. Cándida es muy hábil en la cocina. Antes de jubilarse tenía una pastelería. Amb@s son miembros del banco del tiempo del barrio. Un buen día, Teodoro acude gustoso a casa de Cándida para desatascar una cañería. No le cobra nada, pero se marcha con una fantástica tarta Sacher bajo el brazo. L@s d@s content@s y todavía más amig@s.

En los bancos del tiempo se intercambian conocimientos o servicios por tiempo, jamás por dinero, y lo que es más importante, se fomentan la solidaridad y el sentido de pertenencia a un grupo de personas de confianza.

El banco de mi barrio, por ejemplo, ofrece enseñar a quien lo necesite informática, idiomas, joyería, estiramientos, danza, yoga, técnicas de masaje, habilidades para buscar trabajo, etc. Voy a ver qué puedo ofrecer yo...

¿Y tú, ya sabes dónde está tu banco del tiempo más cercano? ¿Estarías dispuest@ a entrar en esta red de intercambios solidarios? (Para saber más, clica y reclica.)

domingo 28 de junio de 2009

El destino es lo de menos

«Los viajeros con experiencia han descubierto que lo que convierte a un viaje en algo memorable no son los lugares que visitan, sino las personas con las que entran en un estrecho contacto. Una mujer que ha dado varias veces la vuelta al mundo nos comenta la estrategia que ella ha desarrollado:

“Cuando viajo siempre intento aprender algo sobre el país o el lugar que visito. Es algo educativo aprender cosas nuevas sobre la geografía, los recursos, el arte, la historia, las costumbres y la cultura. Pero también están en el proceso, las relaciones y las interacciones que se producen con los demás. Es esto último lo que considero mucho más significativo y memorable.

Podría ir al lugar más fantástico y mágico del mundo o visitar siete museos y once iglesias, pero todo esto no sería, ni de lejos, tan interesante para mí si no lograse hacer amigos que actuasen a modo de guía para introducirme en su mundo.

Por eso me gusta tanto ir a mercados, porque son los lugares idóneos para establecer relaciones. Tanto si hablo la lengua del lugar, como si no la hablo, eso no importa porque nos podemos comunicar por medio de gestos, de los ojos o de la sonrisa. Hay tantas caras que todavía recuerdo de adultos, pero sobre todo de niños de Birmania, Sudáfrica, Tailandia y Nueva Guinea o Cachemira. Por eso siempre llevo conmigo golosinas y una Polaroid, así les puedo hacer a los niños una foto y regalársela.

Ni tan siquiera puedo señalar una determinada experiencia como la más especial, porque hay tantas. Y lo que todas tienen en común es que logramos contactar con personas. Nos invitaron a sus hogares. Conocimos a sus familias. Intercambiamos regalos. Se formó como una unión y todos nosotros la sentíamos. Volví enriquecida y emocionada y conmovida por haber podido conocer a esas personas.

Una vez he podido ver cómo viven otras culturas, tomé algo de ellas y lo incorporé a mi propia vida. […]

Me siento tan llena de experiencias. Hay tantas personas a las que he conocido a lo largo de mi camino. Y me siento agradecida por cada una de ellas. Me siento conmocionada.”

Lo que nos describe esa mujer es una forma de viajar que se basa no en dónde está sino en quién es. Nos describe una forma de viajar que está marcada por las relaciones con las personas y no con los lugares. Los lugares pueden ser importantes, pero no son ni mucho menos tan importantes como mucha gente piensa, si lo que se está intentando es realizar un cambio personal.»

Jeffrey A. Kottler, Viajar como experiencia transformadora, Paidós, 1998, pág. 133-134.


¿Y todavía no tienes un perfil en Couchsurfing u Hospitality Club?

miércoles 17 de junio de 2009

Reír a mandíbula batiente

“Siendo redactor de la revista Saturday Review e inmediatamente después de regresar (totalmente extenuado) de un viaje al extranjero, Norman Cousins comenzó a experimentar una fiebre muy alta y grandes dolores en todo su cuerpo. Fue rápidamente ingresado en un hospital, donde le diagnosticaron una enfermedad del tejido conjuntivo considerada incurable [espondilitis anquilosante]. Le dolían tanto las articulaciones que no podía realizar ni el más leve movimiento. Los médicos le dijeron abiertamente que las posibilidades de recuperarse eran prácticamente nulas. Negándose a aceptar este triste destino, Cousins decidió tratarse a sí mismo.

Recordó una conferencia sobre las nefastas consecuencias que las emociones negativas tienen sobre el organismo. Entonces pensó que si en su caso, las emociones negativas habían jugado un papel determinado en la aparición de su enfermedad, tal vez las emociones positivas fueran capaces de restablecer el equilibrio, es decir, de devolverle la salud. Así, decidió combatir su enfermedad con alegría, humor y risa. En una primera etapa pidió que en su propia habitación del hospital se le permitiera proyectar películas cómicas y desde el primer día comenzó a experimentar cierta mejoría. Pronto se dio cuenta de que 10 minutos de risa le permitían dormir 2 horas sin ningún dolor. Poco después abandonó el hospital trasladándose a la habitación de un hotel, que además de resultarle mucho más económica, le ofrecía mayores comodidades y alimentos a su gusto. Allí las sesiones de cine cómico fueron realmente maratónicas y como resultado, en muy breve plazo se curó por completo.”

David García Walker, Los efectos terapéuticos del Humor y la Risa, Editorial Sirio, Málaga, 1999, pág. 15-16.

Tal vez haya pocos casos tan increíbles como este, pero hoy por hoy numerosos estudios médicos han demostrado con creces que las emociones positivas favorecen la salud de las personas. El humor y la risa combaten el estrés, la ansiedad, la hipertensión, la contracción muscular y los trastornos intestinales, además de fortalecer el sistema inmunológico (al aumentar la actividad de las células NK, natural killers, que protegen al organismo de agentes nocivos tales como virus y células cancerígenas).

¿Te acuerdas del episodio más gracioso de tu vida? No dejes de traerlo a la mente tan a menudo como puedas...